Ajedrez

Ajedrez y política

Ajedrez y política

El ajedrez es usado como referencia para explicar la política en muchas ocasiones. Si es cierto que hay muchos elementos que pueden tener relación, también hay una gran cantidad de diferencias y de aspectos que no podrían ser aceptados en política, y que son totalmente habituales en el ajedrez. Los jugadores de ajedrez, calculan variantes y posibilidades, priorizando las jugadas que fuercen al rival a hacer movimientos únicos, ya que de no ser así perdería la partida. Este cálculo de probabilidades se asemeja mucho al rational choice y la teoría de juegos, en las cuales se comparan los costes y beneficios a la hora de llevar a cabo una acción u otra.

Política y ajedrez

Hay muchos elementos comparables, en política, como en ajedrez, hay una pieza fundamental, el rey, que puede asimilarse al presidente o secretario general de un partido, aunque para simplificarlo, diremos que del candidato de turno de cada partido. Este es el punto de vista del asesor político Iván Redondo, que señala en ciertas ocasiones la importancia de los peones, con gran pericia, a los que compara con los asesores u otros colaboradores de los partidos. Es una visión muy acertada, hecha de forma más específica y centrada por completo en la composición de fuerzas de cada bando, no de la forma más general que puedo señar más adelante. Mediante esta comparación que realiza Redondo, el ajedrez y la política son mucho más similares, ya que se compara sobre todo una línea estratégica frente a otra y los elementos internos del juego.

Sin embargo, para mí, la pieza verdaderamente importante son los propios jugadores, ellos son los dirigentes políticos. Desde este enfoque, veo al jugador de ajedrez más como al Leviatán de Hobbes, un dirigente que está por encima de todos, y que busca el bien de su pueblo (la victoria en este caso), aunque con los medios que sean necesarios para conseguirlo.

Tanto en el ajedrez como en la política, hay que tener necesariamente una estrategia, ya sea de campaña, de comunicación, etc., porque si no, el resultado suele ser catastrófico. Me parece curioso, que un gran número de ocasiones, el que domina el centro tiene ventaja en ajedrez, que es una de las visiones que se hace sobre el electorado en política, el que domine el centro ideológico, será el ganador de las elecciones.

Hay una cosa que nunca se señala cuando se hace esta comparación, y es que, en el ajedrez, el contexto de la partida que se está jugando importa poco o nada. Puede influir el estado de ánimo de cada jugador, pero jamás se te “sublevarán” tus piezas o realizarán una huelga general debido a tus decisiones. En el ajedrez, las piezas mueren por su rey sin siquiera preguntarse el porqué. Este aspecto me parece muy reseñable.

Estrategia y objetivo

En el ajedrez, toda la estrategia está articulada con el único objetivo de dar mate al rey rival. Son míticas las partidas de Mijaíl Tal, que no escatimaba en sacrificar las piezas que hiciese falta con tal de ganar a su adversario. De hecho, en la mayoría de las ocasiones, esas jugadas no ganaban con cálculos exactos, pero los rivales no eran capaces de articular buenas defensas para contrarrestarlo y terminaban perdiendo. ¿Cómo vería la gente a un líder al que no le importa sacrificar a sus compañeros de partido, a su electorado, a su pueblo, con tal de conseguir la victoria en unas elecciones? El ajedrez, comparado con la política, sería un sistema puramente personalista, estaríamos incluso hablando de un sistema dictatorial, en el cual se enfrentan dos bandos guiados por los designios de un señor.

Parece una visión muy negativa del ajedrez, pero no hay que dramatizar tanto. Los que practicamos este deporte sabemos de la belleza y la dificultad que conlleva. La teoría que hay que conocer es muy extensa, sobre todo en la parte inicial de las partidas (apertura), al igual que hay que tener unos conocimientos básicos muy bien asentados para el final. Lo bonito del ajedrez suele ocurrir en el intermedio, lo que los ajedrecistas llamamos mediojuego. Si un jugador se equivoca de manera flagrante en el inicio o el final de la partida, es relativamente sencillo que sea derrotado sin que pueda remediarlo, igual que un candidato al que le salta un caso de corrupción en campaña electoral o tiene el arrojo de enfrentarse al líder de su partido sin tener los apoyos necesarios al principio de su carrera. Pero lo bonito de verdad, igual que en política, ocurre cuando se abandona toda teoría y hay que dar rienda suelta al cálculo y la imaginación. En el ajedrez se juega con reloj, igual que en política, y éste marca el devenir en muchas ocasiones. Cuando la campaña electoral está llegando a su fin, las piezas recorren el tablero de manera apresurada, con movimientos frenéticos, buscando el golpe mortal que signifique el jaque mate al candidato rival.

Fuerzas en conflicto

En ajedrez, los dos rivales comienzan con las fuerzas igualadas, nadie parte con ventaja, siempre y cuando obviemos que el que juega con blancas tiene una ligerísima ventaja por empezar moviendo. Esta ligera ventaja, en política se ve aumentada, ya que el primer candidato en mover puede generar que un tema de actualidad se encuadre de la forma que él desee, provocando que todos sus rivales políticos tengan que aceptar dicho encuadre mediático, lo cual es una victoria enorme. Pero las diferencias más significativas en política se dan en otros ámbitos, siempre habrá un partido que cuente con más recursos, ya sean económicos, de personal, apoyos… Cualquier jugador de ajedrez sabe que, aunque nos quiten un simple peón al comienzo de la partida, el devenir de la misma está muy condicionado. Y esto se da constantemente en la política, pero no en el ajedrez.

Lo que está claro, es que en ambas contiendas hay un marco que no se puede pasar por alto. Tanto en las reglas del ajedrez como de la política, hay unos códigos, procedimientos y costumbres muy establecidas, pero son mucho más fuertes en el ajedrez que en la política, ya que vemos como pueden ser constantemente alterados y reinventados en la política. En ajedrez, cuando un jugador sabe que está perdido, sencillamente se rinde y acepta la superioridad del rival, al que más tarde da la mano en señal de felicitación y respeto. Mi pregunta es, ¿hace cuánto que no vemos a un político rendirse ante el adversario? ¿Cuándo fue la última vez que vimos respeto mutuo entre los candidatos políticos?

La mediatización de la política es uno de los elementos que más puede perturbar esta involución de la política, la sensación del todo vale por conseguir la victoria. En cierta forma, como apasionado del ajedrez y de la política, por desgracia tengo que pensar que la política no se parece al ajedrez tanto como se dice, ya que en ese caso significaría que el ajedrez ha perdido cierto respeto y reconocimiento.

Fischer y Spassky

No puedo olvidarme de grandes acontecimientos que se han visto atravesados por la relación entre ajedrez y política, como la disputa del título de campeón del mundo de ajedrez entre Bobby Fischer y Boris Spassky en el marco de la Guerra Fría. Este duelo enfrentó a las dos principales potencias a cada lado del telón de acero, la Unión Soviética y Estados Unidos. Fue un enfrentamiento que captó la atención del mundo entero, y que tenía una carga simbólica altísima debido al momento que se atravesaba. Este hecho, muestra la gran simbiosis y similitudes que se pueden observar entre la política y el ajedrez, y cómo pueden encontrarse elementos aplicables de la una a la otra.

 

Miguel López Garralón

Miguel López Garralón

Periodismo
Educación
Graduado en Periodismo y Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid. Cursando Grado de Sociología por la UNED.

Aficiones
Jugador de ajedrez y gran aficionado al fútbol americano, baloncesto y fútbol.

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