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Lecciones de comunicación política desde el gueto (II): El Partido de las Panteras Negras

Lecciones de comunicación política desde el gueto (II): El Partido de las Panteras Negras

Siguiendo con el artículo de la semana pasada, esta semana vamos a introducir al Partido de las Panteras Negras para la Autodefensa (en adelante BPP por sus siglas en inglés) como organización innovadora dentro de la comunicación política. A pesar de las polémicas y las controversias que causó el BPP entre la sociedad norteamericana, en este artículo queremos centrarnos en las estrategias discursivas y comunicativas que empleó el partido durante su vida política, dejando de lado los debates ideológicos o estratégicos que suscitaron.

Antes de comenzar, es importante señalar que el BPP es heredero de la derrota de sus antecesores dentro del movimiento negro. Recogen la  experiencia que supuso la figura de Malcolm X y se beneficiaron de la pujante relevancia de la cultura negra en la sociedad norteamericana del momento, señalando su pertenencia a grupos cuyas ideas y estilos de vida desafiaban los modelos establecidos

Lo novedoso en su política es que supieron hacer algo que los demás no hacían, llevando a la práctica lo estudiando en los libros y las leyes norteamericanas. Incluso la primera fuente de financiación del partido fue innovadora, pues vino de la mano de sus fundadores; Huey P. Newton y Bobby Seale, que se dedicaron a vender ejemplares de El Libro Rojo de Mao, a los estudiantes izquierdistas blancos de las de la universidad de Berkeley en California.

Su segundo paso fue institucionalizarse físicamente como organización política a partir de locales del partido. En estas sedes pintaban paredes, colocaban pósteres y ponían letras adhesivas en sus cristales para atraer a curiosos y reivindicar sus ideas políticas.  El trabajo comunitario era una manera de demostrar a la gente que estaban dispuestos a defender a la comunidad, lo que generaba un sentimiento de solidaridad y demostraban una forma concreta lo que representaba el orgullo negro. Sus sedes suponían una gran oportunidad para miles de jóvenes para reunirse, hablar, pensar e intercambiar ideas.

A imitación del Malcolm X, los integrantes del BPP tenían una gran atracción en los medios de comunicación del establishment. La buena puesta en escena de estos jóvenes conmovió en lo más hondo la atracción de los periodistas por lo insólito que resultaban. El hecho de ver a jóvenes negros uniformados y armados, era muy atractivo para las cámaras y periodistas.

La disciplina, su actitud provocativa, su poderosa vestimenta y su lenguaje radical hicieron que muchos jóvenes procedentes de barrios negros vieran en el BPP un lugar apropiado para emprender su militancia política en favor de su comunidad. Estos negros iban uniformados con chaquetas de cuero, boinas y guantes negros; y llevaban consigo grabadoras, cámaras, armas y libros de derechos para disuadir a la policía. Rápidamente miles de jóvenes se sintieron atraídos por su estética y sus mensajes rupturistas y el partido tuvo un eco muy favorable en la comunidad negra de las grandes ciudades norteamericanas.

Por otro lado, los panteras supieron innovar y manejarse en los medios de comunicación con mensajes que rápidamente fueron convertidos en consignas (“All power to the people” o “Black is beautiful”) y un lenguaje sencillo, cercano a los negros del gueto. También destacaba el poder de sus principales dirigentes. Se trataban de grandes personalidades dentro del partido como Eldridge Cleaver, Bobby Seale o Huey P. Newton. Al igual que Malcolm X, los integrantes del BPP sabían que para disputar la hegemonía cultural a la clase dominante, había que crear espacios y herramientas contrahegemónicas. Bajo esta premisa nació el periódico de los Panteras Negras.

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cartel black power

Su ministro de cultura, Emory Douglas, era el encargado de la edición del periódico y el responsable de la ilustración del mismo. Con unas imágenes atractivas y subversivas donde destaca el fondo colorido, consiguió atraer al lector. Los periódicos se vendían a 25 centavos en la comunidad negra y ellos se quedaban con 10, y muchas veces los militantes del partido vivían básicamente de la venta de periódicos. En esta página podéis encontrar algunos de los ejemplares del periódico del BPP.

Con todo ello, el BPP supo crear una comunidad en torno a su política de 10 puntos en aquellos espacios donde ni el Estado ni sus instituciones llegaban. Se trataba de crear comunidad. Quizás por eso fueran tan populares entre la población negra estadounidense y entre los jóvenes universitarios de izquierda. Muchas personas se acercaban a estos centros con todo tipo de problemas que requerían solución. Los comerciantes de la zona se encargaban de normalizar su presencia y ellos trabajaban con la gente, con el fin de fortalecer las relaciones con sus vecinos, de forma que cualesquiera que fueran los problemas de la comunidad, se convertían también en sus problemas.

Por tanto, del BPP podemos aprender la importancia de saber comunicar correctamente y saber a qué público se quiere llegar con tus mensajes si sabes utilizar los medios adecuados. Así pues, el BPP nos enseña que la mejor estrategia comunicativa es una buena política social capaz de crear redes sociales e interpersonales entre los diversos actores implicados.

Asimismo, los panteras nos enseñaron a feminizar la política. A pesar del sexismo y el machismo existente en la organización, el BPP dio muchas más oportunidades de liderazgo y poder a las mujeres en la organización que cualquier otro de sus contemporáneos. Como afirma Abu-Jamal en su libro, las mujeres del BPP eran mujeres con gran capacidad, determinación y poder, eran mucho más que simples apéndices del ego y el poder masculino. En ninguna otra organización hubo tal preeminencia de mujeres ocupando cargos importantes y desempeñando cargos de liderazgo.

Para una generación como la mía que se ha criado en la época del dominio del mercado y de mercantilización cultural, una de las lecciones que nos enseña el BPP es la importancia del servicio público como base organizativa; bajar al gueto, para así construir un movimiento de transformación social que realmente quiera tener una influencia directa entre la población y pretenda perdurar en el tiempo.

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