Procesos de participación cudadana

Presupuestos participativos: ¿un éxito?

Presupuestos participativos: ¿un éxito?

Como decía en mi anterior artículo existe una desafección política por parte de la población. Sin embargo, desde hace más de una década empezaron a ponerse en marcha desde distintas administraciones públicas, planes de participación ciudadana como los presupuestos participativos. Estos podrían ser una buena forma para reenganchar a la ciudadanía a la política y vemos como la participación en estos es bastante baja si la comparamos con el apoyo que podría llegar a tener.

En el caso de España, Andalucía fue pionera en cuanto a presupuestos participativos. Córdoba fue la primera provincia en iniciarse en los presupuestos participativos en el 2001, con una coalición entre PSOE e IU en el gobierno, fue la primera en desarrollar este tipo de acciones. Esta provincia se inspiró en el trabajo realizado en Porto Alegre (Brasil).

Uno de los casos más conocidos es el del Ayuntamiento de Madrid, donde se puso en marcha la página web www.decide.madrid.es donde se pueden votar distintos proyectos para toda la ciudad o para uno de los veintiún distritos desde 2016. Vemos como esta iniciativa que cuenta con 100 millones de euros del presupuesto municipal cuenta, en el mejor de los casos, con menos de 3.000 votos. En los procesos pueden participar alrededor de 2.680.000 personas, que son las personas que están empadronadas en la ciudad de Madrid, por lo que en cuanto a datos numéricos no se puede entender como un éxito en participación. Por ello, Manuela Carmena destinó 8 millones de euros a dinamizar estos procesos participativos, porque, aunque en mi opinión, estos procesos son positivos, requieren de tiempo, alejarse de la conducta cortoplacista habitual de nuestros políticos y ser conscientes que estos procedimientos democratizadores consisten también en reeducar a la ciudadanía, y a la administración.

Decide Madrid
Página web Decide Madrid

En el artículo llamado “La nueva frontera de la desigualdad digital: la brecha digital” (Robles et al., 2016) ponen de manifiesto la desigualdad en la participación digital en España en cuanto a cuestiones políticas. Por lo que debería evitarse informar sólo a través de Internet de los procesos participativos, al igual que poder votar sólo telemáticamente, porque se dejaría de lado a grandes sectores de la población. Lo ideal sería la posibilidad de votación tanto telemática como físicamente y una inversión considerable en información en papel, para llegar también a estos sectores. Esta cuestión ya se valora desde el Ayuntamiento de Madrid, la posibilidad de permitir el voto presencial, además del telemático como se viene haciendo hasta ahora.

Se debe entender el proceso participativo como un proceso educacional bidireccional, es decir, las instituciones públicas deben empezar a ver a la ciudadanía como un agente activo, en vez de un agente meramente pasivo o consultivo, debiendo implicar al ciudadano en sus decisiones. Y la ciudadanía debe conocer las competencias de cada institución pública, formar parte en las discusiones, ser capaz de distinguir qué es viable y qué no. Se debe romper con las resistencias internas por parte de los responsables de las instituciones públicas. No intentar preservar el absoluto control de los mecanismos de gobierno de la institución en cuestión, es necesaria una democratización de la gestión pública. Los procesos participativos no pueden verse como una concesión de poder público a la ciudadanía, sino que es un elemento intrínseco a ésta. La información hacia los ciudadanos es crucial en los procesos participativos, es necesaria una gran inversión en información y formación, facilitando el debate público, favoreciendo las discusiones para tener buenos resultados.

Ganuza y Álvarez (2003) nos alertan de que las propias estructuras políticas están construidas de forma contraria a la representación y a la participación de la sociedad, y que los ciudadanos pasan de ser los protagonistas superiores del proceso a meros espectadores en cuanto dejan la papeleta en la urna o votan telemáticamente. Expresan también la desafortunada defensa de una parte de la población a favor de la vieja política, la comodidad del rol pasivo, desinteresado y desinformado.

Se habla de crisis en la participación política, preocupándonos por la salud de la democracia, pero lo que no nos cuestionamos es que esta crisis se encuentra en la participación a modo de consulta, alejada de cualquier tipo de poder de decisión por parte de la población. Unos procesos participativos cerrados y que llevan a unos conflictos entre distintos intereses de los ciudadanos, dando lugar a un espacio político privado, encapsulado, ajeno a la ciudadanía. Y todo esto, es lo que lleva a la desafección, es decir, la desafección es la consecuencia final de una limitación en la participación ciudadana en política y no la causa, como algunos creen.

Clara Fuentes Catena

Clara Fuentes Catena

Ciencia Política
Educación
Politóloga por la Universidad de Granada. Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid

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