Twitter y la guerrilla: estrategias, partidos y #hastags

Twitter y la guerrilla: estrategias, partidos y #hastags

Es fácil de entender: twitter ya no es el ágora democrática que anticiparon algunos Castells o Sampedro de turno. Tampoco es, como pensaron otros, un espacio propicio para el mejor de los debates, aunque seguramente si para alguna clase de guerrilla partidista. Un campo de batalla atravesado de trincheras que esperan un enemigo, y sobre todo, clavar la bandera.

Desde que los partidos conquistaron twitter, esta red social se ha convertido en un espacio propicio para llevar a cabo una guerra de posiciones, para extender los debates parlamentarios y las estrategias comunicativas más allá del congreso y los medios tradicionales. La percepción de twitter como un espacio “puro” donde la gente dice y hacer lo que quiere, donde se expresan, se comparten y se discuten opiniones; sin agendas ocultas, sin falsas intenciones, favorece la impresión de autenticidad de los contenidos y la honestidad de las opiniones en debate. Frente a un público maduro que desconfía de lo que ve en la TV, en la radio y en la prensa tradicional, twitter se postula como un espacio idóneo para invertir esta lógica y los partidos han sabido verlo. No se trata ya tanto de debatir ideas, compartir y discutir opiniones diferentes, como de enviar soldados a los campos de batalla, colocarlos en las posiciones estratégicas y prepararlos par lanzar la ofensiva.

La aparición casi diaria de nuevos #Hastag, cuya intención es movilizar a los usuarios en uno u otro sentido, no son en absoluto inocentes, ni mucho menos son alguna clase de representación de la libre voluntad y expresión del “pueblo de twitter”. Más bien son campañas orquestadas desde los gabinetes de comunicación de los partidos, que han entendido perfectamente el efecto que Twitter tiene sobre la opinión pública, sobre todo si tenemos en cuenta la inocencia de la mayoría de los usuarios -entre los que me incluyo- siempre dispuestos a creer en la naturalidad y autenticidad de lo que allí pasa; fuera de las agendas ocultas de los medios tradicionales  corrompidos y de las lógicas estratégicas y partidistas.

Sin embargo, lo que vengo justamente a impugnar es que esto siga siendo así. No, twitter ha madurado, los partidos conocen su potencial y lo utilizan. Ya no es aquella ágora pública que anticiparon algunos, más bien, como digo, es todo lo contrario: un campo de batalla.

Raro es el día en el que no se cuela en el trending topic algún #hastag orquestado por un partido. En la última semana #QueSeVayan (Podemos) #MociónDeCensura (Podemos-PSOE) #UnaMociónContraEspaña (PP), #YoVotoSíPorque (Podemos) #EspañaCiudadana (Ciudadanos) #ElChaletDePablo (PP), #UnGobiernoDigno (PSOE) etc., dan buena cuenta de algunas de las estrategias utilizadas. El funcionamiento es sencillo. Cada partido tiene grupos de Whatsap y Telegram -algunos con varios miles de seguidores- a los que se les lanza un mensaje, una consigna: “mover el hastag #X” luego los militantes empiezan a moverlos por las redes hasta posicionarlos arriba en el TT -si funciona bien-. Entonces el resto de usuarios inocentes, entendiendo que es un tema de trascendencia -”si es TT es porque es importante, por lo tanto debo implicarme”- se unen y hacen crecer el TT como si se tratase de una protesta espontanea y democrática del pueblo soberano sobre alguna clase de injusticia o cuestión de interés.

Pero como hemos visto, la realidad es muy diferente. En muchas ocasiones, a la trinchera creada en alguno de los #Hastags, responde el otro lado de la trinchera con alguna otra información, o con algún otro #Hastag desde donde lanzar contraacusaciones. El resto de usuarios, o la mayoría de ellos, acaban participando de una u otra forma, con o contra el #hastag, haciendo crecer la bola.

Lo importante, en cualquier caso, es que si una de estas campañas funciona bien, el resultado será notable. La gente habrá hablado y lo que es más importante, lo habrán hecho “espontaneamente”. El ágora decide, el ágora dictamina, es un argumento muy poderoso. Es el pueblo el que debería estar hablando. No los políticos o los partidos, sino la gente normal, cada uno de nosotros/as. Y seguramente hubo un tiempo en que esto fue así, pero la plataforma ha madurado; ya son más de ocho años de uso continuado, y lo que era una plataforma sin agenda oculta, sin intereses; limpia, horizontal y democrática -mutivocal- se está transformando -sin que necesariamente esto sea malo- en una extensión más del campo de batalla, de la guerra de guerrillas en que se ha convertido la comunicación política como campaña permanente. Y no escribo esto con ánimo de revertir la situación, pero si con ánimo de que se tome conciencia de la misma.

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Filosofía
Educación
Filosofía en la UGR, máster de estudios avanzados en comunicación política por la Universidad Complutense de Madrid, diploma de especialización en marketing online por la UNED y estudiante de psicología por la UNED

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