Un gobierno para desactivarlos a todos: las estrategias que quedan por llegar

Un gobierno para desactivarlos a todos: las estrategias que quedan por llegar

 

Se acabó la larga travesía en el desierto -han pensado algunos-. La sentencia de la Gürtel y la posterior moción de censura han producido un terremoto en el tablero político español. Si antes de la moción el PP se mantenía en las encuestas, mientras que ciudadanos subía de forma vertiginosa y PSOE bajaba, con un Podemos que estaba ahí, ni para arriba ni para abajo, con la cuestión nacional como marco central de la discusión; después de la moción las cosas son muy distintas. La posibilidad de cambiar el marco de la discusión, con el poder comunicativo y performativo que da la posición de gobierno, junto con la investidura del PSOE con el apoyo del Unidos Podemos, pintan un panorama muy complejo para la derecha, pero también para la otra parte de la izquierda que no gobierna, sobre todo de cara a las elecciones autonómicas, europeas y municipales de 2019.

Si algo ha hecho bien este nuevo ejecutivo ha sido la labor de desactivación. Por un lado, ha desactivado completamente a Ciudadanos, ocupando la posición centrista. El nombramiento de un ejecutivo moderno, europeísta, plagado de estrellas y personajes altamente preparados y exteriores a la labor política, ha puesto muy complicadas las cosas a Ciudadanos en lo que respecta a la imagen de modernidad y regeneración. Además, el nombramiento de Borrell como ministro de exteriores calma al sector más preocupado por la cuestión nacional

Por otro lado, en lo que respecta al PP, el nombramiento del ministro de interior Juan de Marlasca, afín a algunas de las líneas fundamentales de flotación del PP, junto con el nombramiento de Borrell como ministro de exteriores, y el de la ministra de economía Nadia Calviño que reconoció y agradeció la labor como instructor del exministro De Guindos y que además dirigió la comisión de presupuestos de la UE, suponen un guiño y por lo tanto una desactivación de posibles críticas en materia económica.

Por último, la situación del grupo parlamentario Unidos Podemos seguramente sea la más difícil y merece la pena pararse unas líneas. En lo que respecta a los nombramientos de la ejecutiva, claramente de centro e incluso de centro derecha, encontramos pocos guiños a la izquierda más allá de los que tienen que ver con lo estético, como la promesa sin crucifijos o el gobierno de las mujeres. Sin embargo, tras los 180 votos a favor del sector parlamentario situado a la izquierda, y los 169 votos en contra de Ciudadanos y PP en la moción de censura, muchos dijeron esperar, tras el nombramiento del ejecutivo, más gestos a esa izquierda que le había aupado al gobierno. Y aunque muchos criticaron en público la falta de guiños de un PSOE que se decía de izquierdas pero que se había escorado al centro, en privado celebraban la posibilidad de articular un relato que situase a un PSOE marketinero de gestos en el centro, centro-derecha, para ocupar así ellos el espacio de la izquierda.

Sin duda, la celebración llegó pronto. La mañana del asesor Iván Redondo llegaba más lejos. Sabía que después de desactivar a la derecha y sobre todo al centro-derecha con el nombramiento de un ejecutivo moderno, feminista pero centrista y continuista, tocaba desactivar a esa izquierda que podía devorar el espacio del PSOE, y que, como decía Rubalcaba hace no mucho: “En la izquierda gana no solo quien parece de izquierdas, sino quien parece la alternativa principal de izquierdas para frenar las políticas de la derecha”.

Por eso tocaba dar el segundo paso. Tras el nombramiento de un ejecutivo que cayó muy bien en la opinión pública y en los medios de comunicación y que consiguió apaciguar los ánimos, tocaba desactivar a su rival más importante electoralmente.

En Unidos Podemos criticaron en público la falta de nombramientos de izquierda en el ejecutivo y pedían un gobierno que se atreviese a ser de izquierdas. Podemos pidió a Pedro Sánchez cumplir con el voto de los que le pusieron ahí, pidió medidas valientes. Y el 11 de junio llegó la primera oportunidad que Iván Redondo no dudó en materializar: España acogería a al Aquarius, dando así una lección de dignidad al resto de países de la UE y sobre todo a Italia. Además, pocos días antes había anunciado que la Generalitat recuperaría sus cuentas -uno de los guiños a los sectores más autonomistas o independentistas-. Podemos aplaudió el gesto, pero pidió más valentía: atreverse con las líneas fundamentales del gobierno de Rajoy. Efectivamente, poco después se anunciaba la subida del salario mínimo interprofesional a 1000 euros. Pero aun hacía falta más. Y ahí estaba. Un caluroso 15 de junio, Carmen Montón, ministra de Sanidad, anunciaba la vuelta mediante real decreto del sistema universal de salud pública. Nada, había que seguir insistiendo. Decía Monedero que no sabía si este gobierno colorido y festivo -por no decir yupi- se atrevería con la memoria histórica, y volvieron a pedir valentía. Y así fue que un 17 de junio el ejecutivo de Pedro Sánchez anunciaba que profundizarían la ley de memoria histórica y que pedirían exhumar el cadáver del dictador. Y, por si fuera poco, el ejecutivo de Sánchez se plantea ahora el acercamiento de los presos del proces.

Toda esta situación deja a una derecha desactivada, con un proceso de primarias que se prevee duro en el PP, con un absoluto descolocamiento de Ciudadanos que ha visto ocupado su espacio de centro y que busca acercarse a la derecha más dura para atraer no ya votos desencantados del PSOE, sino los votos desencantados más duros del PP y el espacio de Vox. Es decir, un Ciudadanos que ha renunciado al centro y se lanza a por la derecha.

En lo que respecta a la izquierda, Unidos Podemos tiene una situación complicada. Por un lado, tienen que defender insistentemente la posición direccional que han adquirido como los que aseguran que el PSOE no se desvíe de su rumbo. Por otro, esta posición -percibida como secundaria- tiene el peligro de provocar una clase de voto útil por el cual tendría primacía votar a los que gobiernan más o menos bien (el PSOE) que votar a los que empujan (Unidos Podemos), aunque sea gracias a los que empujan por lo que el PSOE gobierna bien.

La otra opción de la formación morada sería jugar el papel de vigilador y castigador, lo que, en el clima de euforia y estado de ánimo ilusionante generalizado, puede hacerlos aparecer de forma excesivamente negativa ante la opinión pública.

Seguramente hay una tercera opción que tiene que ver con, por un lado, aparecer como un partido que quiere dialogar, acordar y sacar proyectos progresistas adelante, pero, por otro lado, exigir, exigir, exigir para obligar al PSOE a cruzar líneas, pero con, en última instancia, el objetivo de ir apretando las tuercas al PSOE hasta enfrentarlo a si mismo; tanto a las ramas internas que no van a soportar un giro excesivamente a la izquierda, como a las ramas que quieren un PSOE de izquierdas. Es decir, si Unidos Podemos quiere ganar esta batalla tiene que enfrentar al PSOE a sus propias contradicciones (internas y externas). La formación morada tendrá que jugar dos cartas, la del partido que quiere acordar y pactar para un proyecto de progreso y la del partido que apriete las tuercas, seguramente coordinado con otros sectores de la sociedad civil, para forzar la maquinaria hasta la contradicción.

La última jugada del partido morado seguramente haya sido de gran inteligencia. Anticiparse con 20 medidas esenciales: escritos, redactados y presentados públicamente pone al PSOE ahora en una nueva tesitura. Por un lado, las 20 medidas son puntos de consenso en la izquierda -de sentido común- y va a ser difícil para el PSOE decir que no. Por otro lado, son exigencias que obligan al PSOE a ser valiente, a moverse fuera de su zona de confort, a enfrentarse a una parte de la sociedad. La misma parte de la sociedad que aplaudió un gobierno centrista, moderno, pero continuista, bajaría el pulgar si PSOE claudicase ante las exigencias de la formación morada.

Como vemos la estrategia debería ser enfrentar al PSOE a sus contradicciones, porque en política como en la vida hay que elegir. No se puede gobernar para todos. La sabana, por suerte o por desgracia, es corta: si tiras para un lado se destapa el otro, si tiras para el otro se destapa el uno. De momento el PSOE, ha desactivado a parte del arco parlamentario, y es entendible su subida en las encuestas en este contexto, pero ahora toca gobernar y si la ejecutiva fue un pelotazo porque contentaba a casi todos, para gobernar hace falta dejar gente fuera. Pero solo Dios sabe que Iván Redondo conoce la política mejor que nadie y sabe que el ajedrez es la forma del juego. Ellos ya movieron ficha, ayer la movió Podemos, ¿cuál será la siguiente jugada?

 

 

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Filosofía
Educación
Filosofía en la UGR, máster de estudios avanzados en comunicación política por la Universidad Complutense de Madrid, diploma de especialización en marketing online por la UNED y estudiante de psicología por la UNED

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1 comentario

  1. Podemos lo tiene difícil. Necesita una muy buena estrategia. Lo que se llama política en estado puro.

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