Iván Redondo

La figura del Gurú en la asesoría política

La figura del Gurú en la asesoría política

Con la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa, una figura ha emergido como el faro que guía las acciones del nuevo presidente. Hablamos, como no de Iván Redondo. El respetadísimo asesor español ha ganado mucha notoriedad en las últimas semanas. Frente a Sánchez que muchos han querido ver como lento y no muy capaz. Se achacan a su muleta las primeras decisiones acertadas de su ejecutivo. Al nombramiento del Consejo de Ministras o lo sucedido con el Aquarius, le han acompañado comentarios del estilo “esto tiene sello Redondo”.

Cabe recordar algunas cuestiones de la biografía del consultor antes de continuar. Y es que éste ha colaborado últimamente con los dos grandes partidos españoles, PSOE y PP. Una frontera que para muchos es infranqueable pero que no supone un conflicto para el donostiarra. Entre sus trabajos con los populares destacan los que hizo para Albiol en Badalona y especialmente a Monago en Extremadura. En la Comunidad extremeña llegó a ser director del Gabinete de la Presidencia, cargo idéntico al que ostenta hoy en el gobierno estatal.

A algunos les puede sorprender este “transfuguismo” que ha protagonizado Iván Redondo, pero no debería ser una gran contradicción si lo entendemos desde una perspectiva meramente profesional. Sin duda, el éxito de la moción de censura ha promocionado a un hombre con gran visión y le ha aupado al olimpo de la asesoría política española. Desde la posición de aquellos que se inician en este campo, quería comentar un par de cuestiones.

La primera es que los medios de comunicación han ayudado a engalanar al individuo en concreto. Sin poner en entredicho la valía que este puede tener, la comunicación política trata siempre de una labor coral. Aquellos que han participado de campañas o de asesorías políticas saben que el trabajo, de un grupo variado, con especialistas en cada campo suele ser la calve del éxito. La aparición de grandes hombres que parecen conocer las claves para la victoria puede tapar el hecho que, por obligación, debe ser una tarea más grupal de lo que se puede percibir.

La segunda viene acompañada de una reflexión personal. Por una parte, es muy necesario que se profesionalice el sector y sin duda Iván Redondo ha ayudado a esto. Pero debemos plantarnos también hasta que punto podemos desvincularnos totalmente de la ideología o de la afinidad política. En este mundo mediatizado, cada vez importa más el contenedor que el contenido y que una persona pueda hacer campañas exitosas para PP y para PSOE, nos muestra como al final las mismas claves afectan a unos y a otros. En mi opinión, fenómenos como este nos alejan de ese ideal de democracia deliberativa, en la que lo relevante eran los proyectos políticos y nos acercamos a partidos como empresas que pescan en el mercado del voto.

Obviamente Redondo no es responsable de este proceso que se ha descrito en el último párrafo. Pero es innegable que vive de esta comercialización de la política, cada vez más lejana del militante motivado o del votante reflexivo y más cercana al cultivo de la estética y los atajos cognitivos.

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