Radiografiando al Partido Popular tras la moción de censura: ¿Crisis u oportunidad?

Radiografiando al Partido Popular tras la moción de censura: ¿Crisis u oportunidad?

El pasado 3 de junio pasó algo inaudito en nuestro país: por primera vez en la joven historia democrática de España triunfaba una moción de censura realizada por la oposición parlamentaria al presidente del gobierno. Se había conseguido cambiar al presidente del gobierno sin necesidad de asistir a las urnas, tan solo con la correlación de fuerzas existente en el Congreso de los Diputados y con un candidato alternativo, que además, no era parlamentario.

Muchos han sido ya los artículos sobre el nuevo gobierno, su composición, las personas clave para que esta moción saliera delante de manera exitosa, los retos que tienen al frente el nuevo gobierno y la figura de Pedro Sánchez como líder virtuoso que ha sabido esperar su momento político para resurgir de sus cenizas hasta convertirse en presidente del gobierno. Lo cierto es que la producción literaria acerca de la salida del PP del gobierno ha sido muy abultada, pero bajo mi punto de vista pocos han sido los artículos acerca de lo que supone la vuelta del Partido Popular a la oposición y las posibilidades de este partido para, estando en la sombra, regenerarse política e ideológicamente de acuerdo a sus objetivos y construir un proyecto político que vuelva a ser hegemónico entre los votantes de la derecha.

Por tanto, la finalidad de este artículo es realizar un análisis de la situación que vive el Partido Popular después de la moción de censura y las posibilidades que tiene la fuerza conservadora dentro de este contexto inusual: fuera del gobierno, sin líder, con una tendencia a la baja en las encuestas, con un competidor partidista que por primera está dispuesto a disputarle el espectro político de la derecha y con unos presupuestos aprobados bajo su mandato pero sin capacidad gubernamental para materializarlos.

Lo cierto es que desde 2011 Mariano Rajoy ha sabido aguantar las envestidas y ha resistido como pocos en política. Tras 13 años liderando el partido, tras haber sido derrotado dos veces consecutivas por Rodríguez Zapatero, Mariano Rajoy ha ganado tres elecciones consecutivas y ha sabido –con mayor o menor fortuna- adaptarse a los cambios en la estructura política y parlamentaria española. A pesar de sus limitaciones comunicativas, con un estilo político de perfil bajo y con una tranquilidad propia de un ajedrecista, Mariano Rajoy ha sabido soportar más de lo que otros políticos hubieran sido capaz en su situación.

Ahora bien, el principal talón de Aquiles de la formación azul sigue siendo la corrupción. La moción de censura de Sánchez se inició y consiguió triunfar a raíz de la sentencia del caso Gürtel, la red de corrupción política más extensa de la historia democrática española. El Partido Popular ha demostrado que la corrupción política ha sido su modus operandi para hacer política en los tres niveles de la administración del Estado, creando una densa red de tramas y corruptelas que salpican a toda la estructura del partido, desde las asociaciones locales hasta el comité estatal. Esta trama que cubre a empresarios, militantes, votantes y cargos públicos, una forma caciquil de gobernar a la sombra de la confianza de los electores y del conjunto de la ciudadanía que difícilmente puede acabar con un simple cambio de imagen dentro del partido.

Esta red de ilegalidades tenía un reducido coste electoral en época de bonanza, pero cuando la crisis económica mutó en crisis política y de representación,  y Ciudadanos surgió como una alternativa al Partido Popular, la corrupción se convirtió en el principal agujero negro del partido, llevándose por delante a Mariano Rajoy, ese político que hizo del tiempo y la espera su principal virtud. Si el Partido Popular quiere volver a ser un partido presidenciable, debe realizar una depuración y una limpieza a fondo de todas sus estructuras y de su esqueleto político para eliminar la corrupción de su organización y regenerar la vida democrática de su formación.

Retomando la hipótesis inicial, la vuelta del Partido Popular a la oposición debe de convertirse en una oportunidad para el partido conservador de reinventarse y modernizar al partido. Sin un líder definido, con un Mariano Rajoy retirado de la política y unas primarias programadas para el próximo 5 de julio, el Partido Popular tiene la oportunidad para limpiar la imagen de su partido con caras nuevas, renovadas y volver a disputarle el votante perdido a Ciudadanos.

Con los datos demoscópicos del CIS (abril de 2018, estudio número 3210), vemos que el principal perfil de votantes perdidos por el Partido Popular son personas de entre 35 a 55 años, residente en zonas urbanas, con estudios superiores y que ideológicamente se sitúan a la derecha (6-7). Nuevas clases medias formadas por profesiones liberales del sector privado o profesiones derivadas de la sociedad postindustrial de servicios, que ya no encuentran en el Partido Popular su vehículo político para encarrilar su futuro; esto es, un partido de derecha al estilo europeo, liberal en lo económico y que apele por una modernización dentro de la Eurozona, enmarcada en una economía globalizada y de libre mercado. Este perfil de votantes apuesta por Ciudadanos como alternativa electoral.

Para reconquistar a estos votantes propios de la segunda legislatura de Aznar o de la legislatura de 2011, la principal contradicción que tiene el Partido Popular es que choca frontalmente con su otra alma: la conservadora, rama democristiana del partido. La realidad es que el Partido Popular se trata de un partido que nació con una tradición y unas raíces sociológicas conservadoras propias del tardofranquismo, y si quiere volver a ser hegemónico en la política española tiene que saber bascular adecuadamente entre su rama histórica conservadora ligada a la democracia cristiana y al catolicismo, y su rama liberal ligada al neoconservadurismo y a la época del gobierno de José María Aznar: una sociedad de nuevas clases medias urbanas dentro de un marco modernizador y democrático europeo, con vistas librecambistas hacia su principal área de influencia geopolítica en el exterior; esto es, Latinoamérica.

La fuerza del PP tradicionalmente estaba en dos aspectos: en tener los votantes más fieles, lo que a su vez provocaba una cantidad de voto oculto elevado en circunstancias de gobierno, y en no tener competidor en su espectro ideológico –la derecha- . Es por ello que es muy difícil que aquellas personas mayores de 65 años que tienen una educación hasta primaria y que llevan votando al Partido Popular los últimos 20 años, ahora vayan a hacerlo por otro partido que aspira a la regeneración democrática por medio de un discurso basado en el liberalismo y el nacionalismo español. Se trata de personas con un anclaje conservador, que no quieren perder lo poco que tienen, y que sienten que el Partido Popular es el partido menos malo y el que mejor gestiona los recursos del país.

Además, el Partido Popular debe replantearse la idea de España que quiere defender a medio plazo, puesto que si bien es cierto que la mayoría de sus votantes encuentran armonía con el actual sistema de las autonomías, Ciudadanos encuentra otro caladero de votos entre los mayores de 55 años que quieren una mayor centralización por parte del Estado y un menor peso por parte de las Comunidades Autónomas, y ahí la formación naranja parece moverse mejor que los populares.

En términos de réditos electorales, en un sistema de partidos donde el bipartidismo ya no está a la orden del día, a pesar de que sigue siendo fundamental, y donde la competencia electoral a nivel nacional pasa a ser de cuatro partidos en vez de dos, el partido conservador debe diseñar una estrategia para ser hegemónico entre los votantes que se sitúan entre el 6 y el 10 en la escala ideológica. Con este cambio de panorama partidista, la victoria electoral no pasa por ganar el centro –o la centralidad del tablero- sino en convertirse en la primera fuerza allí donde marca tu ideología originaria; esto es, la derecha o la izquierda, para de esta forma obligar a tu adversario más próximo a pactar contigo. Así pues, en las pasadas elecciones de 2016 el Partido Popular ganó las elecciones siendo primera fuerza entre los votantes del 6 al 10 en la escala ideológica. En política, como en atletismo, gana quien queda primero, no quien mejor lo hace o quien más lo merece.

Dicho de otra forma, para que el Partido Popular pueda gobernar de nuevo tras las siguientes elecciones generales se tiene que producir un doble suceso: que quede por delante de Ciudadanos, su principal competidor ideológico, y que el bloque de la derecha –PP + Ciudadanos-, obtenga más diputados que el bloque de la izquierda –PSOE + Unidos Podemos-. Parece que al menos a corto plazo, la época de mayorías absolutas ha llegado a su fin

Si a esto le sumamos una ley electoral que favorece a esta formación, donde priman las circunscripciones pequeñas del interior del país generando sesgos mayoritarios dentro del sistema electoral español, se produce una ventaja sobre los demás partidos que debe saber aprovechar.

Por lo demás, los gestos y las palabras del nuevo gobierno se tendrán que materializar con políticas reales que intenten modificar la situación laboral de precariedad y desigualdad que deja la legislatura Popular. Teniendo en cuenta la situación periférica y de país deudor como es España dentro de una estructura supranacional de la actual Unión Europea, toda política que quiera cambiar la estructura económica y productiva del país tendrá que pasar primero el techo de gasto y por la aprobación de Europa y de la Comisión Europea, donde cuenta con una mayoría conservadora holgada que dificulta el programa electoral del PSOE.

Esta imposibilidad de materializar políticas públicas también puede suponer una oportunidad que el Partido Popular tiene que aprovechar estando al frente de la oposición en todos los ámbitos, tanto en el parlamento, como en los medios de comunicación como entre sus votantes. La política de la crispación es una estrategia que en el pasado ya funcionó y que actualmente puede ser una palanca muy útil para recuperar votantes perdidos y la esencia agresiva del partido, tras años de desgaste en el gobierno.

Cambiando de tercio, los datos que recogen los barómetros del CIS muestran que Soraya Sáenz de Santamaría es la candidata más atractiva desde una perspectiva estratégica para afianzar su electorado tradicional y para atraer de nuevo al electorado fugado hacia otros partidos. Santamaría ha sido la ministra con mayor nota dentro de la última legislatura del PP entre los españoles y entre los votantes del PP, por encima en ambos casos de Dolores De Cospedal. Como bien apunta el profesor Lluís Orriols, las primarias del próximo 5 de julio deberá ser el primer paso para regenerar el partido.

Con todo ello, Para que el Partido Popular vuelva a ser el partido político preferido por los españoles debe en primer lugar elegir un líder fuerte, garantista y con presencia. En un mundo donde cada vez importa más la imagen y cómo se expresa lo que se piensa, más que el qué se piensa, es fundamental dejar atrás errores de comunicación propios de Mariano Rajoy y encontrar un líder versátil, que se sepa manejar frente a los medios de comunicación adecuadamente y que tenga a su disposición una amalgama de recursos comunicativos para evitar posibles errores y declaraciones sacadas de contexto.

Para ello hay que diseñar una estrategia de comunicación centrada en la accesibilidad y la transparencia, que mire a las experiencias de la nueva política y que humanice y acerque a la ciudadanía a los políticos. Con estas características, Soraya Sáenz de Santamaría parece la más indicada para liderar al Partido Popular tras el 5 de julio.

En segundo lugar, el partido necesita un programa electoral de oposición, centrado en las reformas que necesita el país siempre dentro del contexto europeo y el crecimiento económico propio de la derecha. Tras una renovación política y programática a partir de unas líneas estratégicas claras, con una reforma interna afín a su tradición ideológica e histórica, el Partido Popular ahora como el principal partido de la oposición al gobierno de Sánchez, debe idear una estrategia de márketing político y discursiva que le acerque a sus votantes que desde 2011 han optado por otras formaciones para resolver sus problemas cotidianos.

En política todo es posible. Cualquier situación circunstancial se puede convertir en un hecho extraordinario si se sabe aprovechar la oportunidad. Por ello, la guerra por saber comunicar coherentemente es clave para el éxito.  En última instancia se trata de convertir esta crisis en una oportunidad para volver al gobierno.

 

 

Please follow and like us:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *