“Un mundo de detalles casi inmediatos”: para pensar una política del exceso.

“Un mundo de detalles casi inmediatos”: para pensar una política del exceso.

Esta semana aparecían dos artículos en El País  y en CTXT  de dos autores distintos, desconozco si con comunicación entre sí, pero que tocaban dos vectores esenciales para entender lo que nos está ocurriendo hoy en día y como afecta esto a la vida política -pública- de nuestro país. El primer artículo era de Santiago Alba Rico publicado en CTXT y titulado Distancias. El segundo es de Fernando Vallespín titulado Turbopolítica y publicado en El País. Ambos tratan temas distintos, tienen quizás, en un primer vistazo, poco que ver. Sin embargo, a ambos les une una preocupación por aquello que constituye la política: el tiempo y el espacio.

Para que haya política tienen que existir, ya desde Aristóteles y aunque parezca una perogrullada, dos elementos: tiempo y espacio. Tiene que haber tiempo, diría el filósofo griego, para la reflexión en el espacio público -deliberativo-. Por lo tanto, la política podría ser ejercida solo por aquellos que tenían tiempo -en Grecia los que no eran esclavos-. Además, la política estaba necesariamente vinculada con la comunidad. Por lo tanto el espacio era esencial. La política requería de una cercanía para ser puesta en práctica. De alguna forma no dejaba de ser el gobierno de la polis y el gobierno de lo común; de lo que a todos pertenecía.

Pues bien, lo que ambos artículos ponen en cuestión desde lugares muy distintos pero conectados, es cómo afecta a la constitución del espacio público la aceleración del tiempo por un lado, y por otro, la difuminación del espacio. En ambos casos se trata sin duda de entender que es el exceso el que gobierna nuestra vida en sociedad. Exceso de información, de comunicación, de noticias, exceso de velocidad; vértigo informativo, vértigo parlamentario. Vértigo si se quiere de realidad.

Si uno observa la actividad dentro del congreso se encontrará que por lo menos martes, miércoles y jueves se presentan propuestas no de ley, propuestas de ley y preguntas parlamentarias. Se realizan comisiones de investigación, sesiones de control, plenos, ruedas de prensa, canutazos, duplex etc. Si uno quisiera enterarse de todo lo que está sucediendo día a día sería prácticamente inabarcable -más si tenemos en cuenta también el Senado-. Por no hablar de los medios. Cada mañana las principales cadenas de este país tienen sendos programas de debate político. Los periodistas andan por el congreso como aves de rapiña buscando la noticia del día; buscando el desliz del político. En definitiva, la polémica. Los gabinetes de prensa de los partidos andan todo el día intentando colocar el titular. Compiten por ver a cuántos portavoces consiguen enviar a medios al día siguiente para establecer la agenda, para que se discuta de lo que ellos o ellas quieran que se discuta. Si uno enciende por la mañana alguno de los programas de debate político puede encontrar en un día normal cuatro o cinco “Noticias de última hora” o cinco “Exclusivas”. La batalla es por ver quién tiene la noticia más fresca, la más novedosa, la más polémica. Y ahí estamos también los espectadores de todo este circo esperando a que nos den nuestro espectáculo.  Lo que hoy es noticia, mañana ya es una sombra. Da igual que hoy Pedro Sánchez y Pablo Iglesias acuerden una serie de medidas fundamentales en cuestiones sociales que mañana los medios preguntarán por otro tema. Da igual que hoy dimita la ministra de Sanidad que mañana ya no se acordarán de ella ¿O se acuerda alguien ya de Máxim Huertas? ¿O incluso de Carmen Montón?.  El exceso gobierna los medios, la política y por ende nuestra vida.

Esto por supuesto no sería posible, y aquí tocamos el artículo de Santiago Alba Rico, sin unos dispositivos tecnológicos que permitan esta hiperconexión constante y este exceso informativo. Y aquí las nuevas tecnologías de la información y la comunicación son esenciales. Los dispositivos móviles, las tablets, los ordenadores y las redes sociales son las ruedas que mueven este carro que no se sabe muy bien dónde nos llevará. Sin embargo, al contrario de la hipótesis que identifica a estas nuevas tecnologías de la comunicación con un acercamiento de las distancias; con una facilidad de comunicación, Santiago Alba Rico defiende un mundo en el que cada vez es más cercana la distancia. O al contrario, en la que cada vez nos ensimismamos más en nuestra relación con nuestras propias imágenes: “las imágenes infinitas encierran las mentes individuales en su propia ebullición: incluso cuando son las mismas, cada uno tiene las suyas y de ellas ni siquiera vale la pena discutir.” La relación probable de nosotros mismos con las imágenes de la que habla el filósofo es la relación estetizada; es decir, en palabras de Debord o Byung Chul Hang, “vaciadas” de su contenido real o “valor de uso”. El mercado de la información es hoy más que nunca el mercado de las imágenes, de las mercancías. Una estética, sin embargo, que no es como anunció Kant, una constructora de identificaciones comunitarias, sino más bien, incluyendo la crítica Marxista, una estética que funciona vaciando los objetos de su valor de uso y convirtiéndolos/nos en mercancías. La estética de nuestro tiempo no es ya la estética ilustrada que aspiraba a generar una comunidad mediante la identificación no reglada, sino más bien el reverso visual, sensible, del mercado de los “hombres sin atributos”.

Estos dos procesos; el de la hipervelocidad de la información que nos señala Vallespín y el proceso paralelo de distanciamiento -estético si se quiere- de los contenidos de nuestra experiencia, sustituidos por un acercamiento solipsista en un mercado infinito de imágenes, son las que ponen en cuestión y dejan colgando de un hilo a nuestro sistema político.

En una sociedad del exceso -de información, de imágenes y por lo tanto de espacios y de tiempos- cabe preguntarse qué cabe esperar de la vida en el espacio público, cuál será la nueva forma de la política en el futuro, cómo influirá esto en la vida parlamentaria y de partidos. Pero esto son preguntas que lanzo y que no serán respondidas aquí.

No me gustaría cerrar este artículo sin recordar un cuento de Borges,  Funes el memorioso, escrito en 1945 y recopilado en Ficciones, en el que se cuenta la historia de un tipo, Funes, que tras caer de una tapia y golpearse la cabeza es capaz de la memoria más prodigiosa de cuantas existen. Nos dice Borges que Funes “percibía todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía la forma de las nubes australes del amanecer del 30 de Abril de 1882 y podía compararlas en el recuerdo […] Dos o tres veces había reconstruido un día entero; no había dudado nunca. […] En efecto, Funes no solo recordaba cada hoja de cada árbol de cada monte, sino cada una de las veces que la había percibido o imaginado.” Sin embargo, y aquí la paradoja, escribe Borges “pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles casi inmediatos”. Podríamos sustituir “detalles” por “imágenes” para una mayor identificación con nuestra realidad. Sin embargo, la analogía está clara. Y aún podríamos reescribir el cuento como lo hizo ya un buen amigo mío, escribiendo algo así como “La memoria de Ireneo era vasta y minuciosa. Todo empezó el día en que se cayó de una tapia. Cuando despertó recordó la caída con precisa nitidez. Al instante siguiente recordó que recordaba, y al siguiente que recordaba que recordaba, y quedó así, atrapado en un hecho, en un recuerdo, en un instante denso y anodino e infinito” No hay duda de que esta reescritura se parece más al estado que describe Santiago Alba Rico en su artículo. No debemos obviar que Borges concedía a su protagonista todavía la capacidad de “recibir la realidad” y por lo tanto de generar una comunidad de iguales. En nuestro caso, no está claro si seremos capaces. En cualquier caso, tenemos el deber de cambiar algunas cosas; por lo menos lo que esté en nuestra mano.

 

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Filosofía
Educación
Filosofía en la UGR, máster de estudios avanzados en comunicación política por la Universidad Complutense de Madrid, diploma de especialización en marketing online por la UNED y estudiante de psicología por la UNED

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