Decreto Ley en cada Gobierno

Comunicar por Decreto

Comunicar por Decreto

El Real Decreto Ley es una de las herramientas más controvertidas que tiene un gobierno. Como seguro saben los lectores, éste consiste en la aprobación de una ley por parte del ejecutivo sin pasar por el Congreso. Partiendo de la separación de poderes nos podría llamar la atención, pues es a la cámara baja a quien le corresponde la función legislativa. Pero existe una justificación, solo se puede aplicar en casos de “Extraordinaria y urgente necesidad”.

Repasando la historia de la democracia española vemos cómo en ciertos momentos se ha ido pervirtiendo su utilidad. Es especialmente sangrante si observamos los gobiernos que se encuentran en minoría en el parlamento. Cabe recordar que este mecanismo se adaptó del modelo alemán, que lo prevé para casos referentes a desastres naturales o posteriormente para aplicaciones de normativa europeas, no para cuestiones con un carácter más dado al debate.

Si que es cierto que, a nivel general, los gobiernos del Partido Popular han usado más el decreto ley que los del Partido Socialista, pero no todo se queda en los números. La alta cifra durante los años de Aznar también se debe a que fue el presidente que se encontró con más problemáticas de tipo catástrofe natural. Por tanto, no es tanto la cantidad como la calidad de estos. Sucede lo mismo con la entrada a la UE o la transición.

A la hora de diseñar nuestro sistema de gobierno, se constituyó el parlamento como base del poder legislativo. Por norma, las leyes deben pasar allí por una cuestión de salud democrática. Los representantes tienen derecho a poner peros, a debatir y a exponer sus puntos de vista al respecto. Sí, es cierto que el Decreto Ley debe pasar por el Congreso en un periodo corto de tiempo, pero también lo es que no es lo mismo afrontar el debate sobre una ley que ya se encuentra en vigor que una que no lo está.

Si hoy ponemos en Googledecreto ley en España” la gran mayoría de los artículos que encontramos provienen de tribunas que se sitúan a la derecha. El contenido es, más o menos el mismo, criticar los siete decretos ley de Sánchez en su primer trimestre y con agosto (mes de parón estival) de por medio. Pero si vamos unos meses atrás, encontraremos al PSOE alertando sobre las malas prácticas del gobierno en el uso de esta herramienta.

Pues lo cierto es que ni unos ni otros. El Real Decreto Ley tiene una utilidad muy clara y esta se viene pervirtiendo según el carácter de cada gobierno. Que ideológicamente  simpaticemos con el carácter de estas leyes no nos puede cegar. Si abandonamos la crítica en manos de la derecha, estaremos justificando su uso por parte de un futuro ejecutivo conservador.

No se puede decir que lo que se esté haciendo sea ilegal. Es más, el Tribunal Constitucional ha adoptado una posición de no intervención sobre esta cuestión. Pero su legalidad no lo convierte en una buena práctica. Si no seguimos unos usos correctos las consecuencias pueden ser terribles cuando el viento sople a nuestra contra. Entrando a este juego destrozamos los guardarraíles de la democracia.

El gobierno de Sánchez ha recogido el testigo del de Rajoy y lo está usando de forma abusiva. Seguramente tiene mucho que ver con la nueva composición del Congreso, más plural y su falta de apoyos en este. La lógica democrática nos dice los siguiente: has conseguido formar una mayoría muy diversa, explora los límites de esta en el Parlamento, como se ha hecho con los presupuestos, pero no vayas más allá.

Pero lo sorprendente es que, si repasamos el contenido de los decretos ley aprobados por Sánchez, creo que se podría haber alcanzado esta mayoría en el Congreso y después de un debate abierto. Pero este ejecutivo prima más que ninguno lo comunicativo. Lo cierto es que por esta vía los méritos de leyes como la exhumación de Francisco Franco recaen sobre sus hombros en exclusiva, mientras que la aprobación en la cámara baja siempre es más coral. Es una cuestión de comunicar medidas que sabes de antemano que son bien vistas.

Al final siempre se trata de una cuestión mediática más que práctica, algo muy acorde a nuestros tiempos y en lo que el gobierno actual es un especialista. El peligro es que estas cuestiones afectan a nuestra democracia y a nuestra convivencia y la siguiente legislatura nunca sabes quién será oposición y quien gobierno.

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