Entender el congreso sin mayorías: entre funambulistas y ruedas de hamsters.

Entender el congreso sin mayorías: entre funambulistas y ruedas de hamsters.

Nadie se quiere caer de la cuerda. ¿Qué consecuencias tiene este juego de funambulistas? Que cuando acaba el circo  empieza la política, y sobre todo, el trabajo. Este juego de presentar y aprobar iniciativas significa más carga de trabajo, significa más velocidad para la rueda de hamsters en el que se está convirtiendo un parlamento que acabará bloqueado. Mientras, los funambulistas siguen con su circo y los medios ahí, grabando.

Hace unos días el periodista Rafael Méndez escribía en El confidencial un artículo titulado “La hiperactividad de los partidos desborda a un Congreso sin medios para tanta iniciativa”. En el citado artículo el autor analizaba el exceso de carga de trabajo que, tras el fin del bipartidismo, se ha impuesto en un congreso cada vez más saturado.

El argumento del artículo es fácil de entender: cuando había bipartidismo y mayorías absolutas las leyes las redactaban los ministerios y el pleno era un lugar para debatir enmiendas. Sin embargo, tras la aparición de otros dos grandes partidos (Unidos Podemos y Ciudadanos) y el fin de las mayorías absolutas, ha cambiado también no sólo la forma de gobernar sino la forma de legislar y de utilizar la cámara de representación.

Para poder entender en qué consiste este cambio habría que conocer el funcionamiento de la cámara alta. A modo de resumen cabe decir que el trabajo que menos importa -aunque sea el que tiene más visibilidad- es el que se realiza en el hemiciclo. Detrás de las intervenciones de diputados y diputadas existe todo un entramado de comisiones -en este momento 43-, subcomisiones -6- más dos de investigación aprobadas y otras tantas que quedan por venir. Podríamos decir que las comisiones son el verdadero motor de la actividad del congreso. En ellas se debate, se proponen enmiendas a leyes, se investiga y se negocia. Además, existe todo un ejército de técnicos en cada partido vinculados a las comisiones subsiguientes -de sanidad, defensa, medio ambiente, exteriores etc.- Los técnicos son en la mayoría de los casos los encargados de preparar y redactar proposiciones de ley, proposiciones no de ley o enmiendas que luego los diputados como representantes se ocuparán de trasladar tanto a las comisiones como al propio pleno. De esta forma cada partido tiene potestad para presentar en el registro del congreso las proposiciones de ley o no de ley que considere oportunas. Claro está que cuando había mayorías absolutas en la cámara y también en la mesa del congreso la mayoría de esas PNL o PL eran cercenadas en la mesa del congreso. Sin embargo, ahora que no hay ya mayorías absolutas en el pleno y tampoco en la mesa, muchas de estas proposiciones llegan a buen puerto. Es decir, llegan a ser debatidas en pleno.

Este es justamente el punto esencial donde queríamos llegar. Lo que el artículo de Rafael Méndez pone de manifiesto es cómo ha cambiado, junto con la nueva aritmética de partidos, la forma de hacer política en el congreso. Este cambio se podría resumir en una máxima que es “Proponer iniciativas para poner al rival político contra las cuerdas”.

Hasta ahora hemos comentado solo el primer vector del problema. La nueva aritmética parlamentaria produce cambios estructurales en el funcionamiento del congreso. Por otro lado, este cambio en la aritmética de partidos ha venido acompañándose por una cada vez mayor atención mediática sobre lo que ocurre en el congreso. Estos dos elementos agitados como un coctel dan como resultado una forma completamente nueva de hacer política en el parlamento.

Aunque suene duro decirlo. Los partidos muchas veces ya no presentan PNL, PL, mociones o interpelaciones urgentes porque crean que son necesarias, sino porque saben que pueden servir para poner sobre las cuerdas a rivales políticos o para hacer guiños a los suyos. Lo que importa fundamentalmente en el debate es poner públicamente contras las cuerdas a un partido o candidato. Obligados en la votación a final de pleno a posicionarse, muchas veces quedan retratados. La estrategia por lo tanto comienza mucho antes del debate. Es crucial para los partidos planificar bien que proposiciones van a presentar al pleno; a quién pueden retratar, a qué partido pueden poner contra las cuerdas, pero también como pueden sacarle el mayor beneficio mediático también para los suyos. Un ejemplo: imaginemos que el grupo parlamentario Unidos Podemos presenta una PNL para que el parlamento condene una agresión transfoba a un individuo X y para que se tomen medidas. El objetivo no es tanto la condena o no, eso da un poco igual, como poner contra las cuerdas a algunos partidos. El PP podría votar en contra, pero quedaría retratado ante una parte importante de la opinión pública. Si vota a favor podría a su vez quedar retratado ante su electorado más conservador.

El juego es una forma de funambulismo en el que la cuerda floja es una constante y por lo tanto también el juego de equilibrios. Lo importante si el rival ha jugado bien sus cartas es saber jugar tú bien las tuyas. Es decir, establecer un marco que te permita justificar de forma eficaz ante la opinión pública determinadas decisiones sin impostar, pero sin quedarse corto.

Un ejemplo lo tenemos en el pleno de ayer. El PP presentó una moción, consecuencia de una interpelación urgente titulada “Sobre el uso de sociedades instrumentales para pagar menos impuestos por parte de miembros del ejecutivo socialista -refiriéndose a Pedro Duque- y el compromiso del Presidente de expulsar de su partido a quien lo haga”.

En este caso está claro que la estrategia es no solo dañar al gobierno sino también poner contra las cuerdas a partidos como Unidos Podemos. La pregunta cínica e implícita sería: “¿Cómo no va a querer el partido que vino a regenerar la democracia, investigar un caso de corrupción?” Esa es la pregunta que estaba de fondo. Unidos Podemos, representado por Txema Guijarro, optó por atacar el doble rasero del PP: “Se ponen dignos con la corrupción, pero al Rey Emérito no lo quieren investigar”. Aquí tenemos un primer guiño para su electorado. El segundo guiño giraba en torno a posicionarse como un partido que se preocupa de cuestiones serias y no de nimiedades. Argumentaban que les gustaría preguntarle a Pedro Duque por los problemas que sufre la ciencia y la investigación y no por otros asuntos de menor importancia. La frase literal fue: “La intención del PP es enfangar para no hablar nunca de lo importante”. Al final, el voto de Unidos Podemos fue en contra. Ha salido indemne.

Este es un ejemplo de cómo funcionan las cosas en el parlamento. ¿El problema? Que todos están entendiendo el juego, y que muchos votan a favor de las propuestas solamente por el miedo a quedar mal ante la opinión pública, incluso aunque no estén de acuerdo. Nadie se quiere caer de la cuerda. ¿Qué consecuencias tiene este juego de funambulistas? Que cuando acaba el circo  empieza la política, y sobre todo, el trabajo. Este juego de presentar y aprobar iniciativas significa más carga de trabajo, significa más velocidad para la rueda de hamsters en el que se está convirtiendo un parlamento que acabará bloqueado. Mientras, los funambulistas siguen con su circo y los medios ahí, grabando.

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