¡Es la televisión, estúpido!

¡Es la televisión, estúpido!

La llegada de Internet y las redes sociales en las últimas  décadas ha sido determinante para modificar las pautas de comportamiento en la sociedad y en la política.

Así pues, todo parece indicar que la televisión ha sido relevada a un segundo plano a la hora de comunicar y transmitir información política, en favor de redes sociales como Facebook, Twitter, Instagram o Youtube. Ya hemos hablado aquí en otros post sobre el impacto de éstas en política y los efectos que producen sobre la ciudadanía (I, II y III).

Pero, ¿realmente ha quedado la televisión en un segundo plano como herramienta para la comunicación política?

Si observamos el gráfico 1 vemos que existe una brecha generacional (tendencia descendente) muy marcada respecto al uso de redes sociales por tramos de edad. De esta forma, plataformas como Facebook están presentes en casi la totalidad de las personas menores de 35 años, pero para las personas mayores de 65 años la cifra se reduce a un 49%. Por otro lado, Twitter, la red social que más relevancia tiene entre políticos y periodistas, es utilizada por un 52% de las personas menores de 24 años, pero si observamos las cifras conforme va aumentando la edad, éstas disminuyen marcadamente (menos de un 15% de los mayores de 55 años afirma tener Twitter). Los usuarios de las redes sociales son –sobretodo- los llamados millennials  y la ya bautizada generación Z.

Gráfico 1. Uso de redes sociales por grupo de edad.

Fuente: CIS. Estudio 3145

Por otro lado, ya en el gráfico 2, vemos que los resultados con la televisión son muy diferentes, puesto que casi la totalidad de la población tiene televisión en su casa y más del 75% de la población afirma estar satisfecha con su uso, independientemente de la edad o la generación a la que pertenezca.

Gráfico 2. Disposición de aparato de televisión en su hogar.

Fuente: CIS. Estudio 3203.

¿Qué podemos concluir con estos datos? En primer lugar, es fundamental destacar la importancia de la televisión como dispositivo esencial a la hora de hacer política.

El medio más influyente de producción ideológica sigue siendo la televisión, aunque con la entrada de las redes sociales esté perdiendo peso. Lo cierto es que  las acciones en política tienen que tener repercusión mediática, y para ello la televisión sigue siendo el medio fundamental para conseguirlo. Si un político sale en televisión, la ciudadanía sabe quién es.

Desde una perspectiva más crítica, el sociólogo francés Pierre Bourdieu entendía la televisión como un instrumento de mantenimiento del orden simbólico, ya que tiene el monopolio sobre la concepción de nuestras opiniones y gustos. Bajo su percepción, la televisión es ese instrumento capaz de modificar nuestras conductas sin necesidad de utilizar coerción o violencia. Por ello desde la política hay que producir constantemente manifestaciones para la televisión, homogeneizando productos y creando elecciones sin sujeto. Al estar sometido a los índices de audiencia, la lógica comercial se impone a las producciones culturales, lo que convierte a la audiencia en lo que Bourdieu llamaba Fast thinkers, individuos con todo tipo de opiniones efímeras pero sin ser especialista en ninguna.

El problema es que las cadenas de televisión compiten por el mercado en una pugna definida por una relación de fuerzas invisibles, regidas por el peso económico y la cuota de mercado de cada cadena. La influencia del campo periodístico y los mecanismos de los periodistas cada vez se encuentran más sometido a la influencia del mercado y a sus dinámicas internas. Por ello, elaboran polémicas artificiales que son representaciones ideales y una sumisión de los gustos ciudadanos. Esto, en palabras de Bourdieu, provoca intelectuales heterónomos (tertulianos), donde las leyes de mercado se introducen en el campo de la información y se produce un  producto en forma de fast food cultural, donde existen debates verdaderamente falsos e ilusorios sin apenas contenido sustancial.

Ahora bien, siguiendo esta lógica ¿cómo podemos conseguir una relación entre televisión y política de calidad, sin caer en un Sálvame de la política?

Personalmente creo que el debate debe situarse en qué tipo de consumo político queremos para la televisión. Es fundamental que como ciudadanía activa nos paremos a pensar si queremos productos centrados en la rigurosidad, el respeto mutuo y las propuestas, o bien uno centrado en la sátira, el insulto fácil (o zasca) y el desprecio al oponente. La opinión pública somos los que debemos decidir (qué no elegir), ya que cualquier cambio que queramos conseguir en política, antes de materializarse tendrá que pasar por la televisión, para que se convierta en mayoritario y consiga cambiar el sentido común de la ciudadanía. Parafraseando a Bill Clinton en 1992: “¡Es la televisión, estúpido!”.

 

Víctor Torres Llorens

Víctor Torres Llorens

Sociología y Ciencia Política
Educación
Graduado en Sociología y en Ciencias Políticas por la Universidad de Valencia. Actualmente Máster en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid

Redes Sociales

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