Sí logos: La estrategia de “El Gobierno de España” para capitalizar los presupuestos.

Sí logos: La estrategia de “El Gobierno de España” para capitalizar los presupuestos.

Las 500 millas electorales no han hecho más que empezar, y en un año  con europeas en el horizonte, cabe esperar que la estrategia por capitalizar estos presupuestos se jugará en gran medida en Europa. ¿Qué papel podrá jugar el grupo confederal Unidos Podemos, En Comú-Podem, En Marea en este contexto? Si la batalla se consigue mantener en los límites de nuestro territorio, auguro grandes victorias para el partido morado. Sin embargo, si el ejecutivo consigue trasladar todo el debate a Europa y a una cuestión de política internacional, es más que probable que Unidos Podemos, En Comú-Podem, En Marea quede relegado a un segundo plano.

 

Hace algunos días se publicaba en La Vanguardia un artículo de Pedro Vallín titulado PSOE: No logo donde analizaba la más que sorprendente ausencia de los símbolos identificativos del PSOE en el acuerdo de presupuestos firmados por estos últimos y el grupo confederal Unidos Podemos, En Comú-Podem, En Marea.

La tesis de Pedro Vallín es que la ausencia del anagrama del PSOE y de cualquier rastro que lo identifique, más allá de teorías conspirativas, se debería en última instancia a la “torpeza” de un partido con más de 140 años de historia que habría optado por poner “Gobierno de España”, frente al partido morado que habría optado por estampar su sello en cada una de las 50 páginas del acuerdo. Sin embargo, es necesario entender este gesto en el curso de los acontecimientos que se han ido sucediendo estos últimos días tras la firma del pacto el pasado jueves.

El jueves por la mañana la foto era la de un Pablo Iglesias radiante firmando un pacto histórico con un balcón de fondo abierto al enorme jardín de Moncloa. La metáfora funcionaba: aire fresco. Pedro Sánchez ocupaba una segunda posición. La pose orgullosa de Pablo Iglesias contrastaba fuertemente con la media sonrisa del presidente. Esta impresión va adquiriendo sentido cuando unas horas más tarde Pablo Iglesias reaparece en el plató de Al rojo vivo pletórico, aunque con gesto comedido. La alegría se llevaba por dentro. Se notaba en cada gesto del secretario general del partido morado el orgullo -y no es para menos- tras firmar lo que muchos tildan ya como los “presupuestos más sociales de nuestra democracia”.

Sin embargo, hay poco tiempo en política para demorarse en celebraciones. Tocaba celebrar en petí comité, de cara al público tocaba mostrar serenidad y ambición:“Estos presupuestos son buenos, pero nosotros queremos más”, esgrimía el secretario General del partido morado. No solo fueron los primeros en salir en medios de comunicación estableciendo el relato, sino que lo han seguido haciendo día tras día y es de presuponer que continuarán haciéndolo en la medida que les dejen.

La reacción del grupo confederal contrasta fuertemente con la reacción de un PSOE comedido, sereno, que celebraba con la boca pequeña una negociación que fue exitosa con muchos “peros”, el principal: se sienten perdedores de una negociación en la que han tenido que ceder en muchas más cosas de las que les gustaría. Los poderes fácticos les están apretando las tuercas. Salen con la boca pequeña porque hay ciertos puntos de los presupuestos aprobados que estoy seguro que nunca se hubiesen atrevido a firmar si no fuese por la coyuntura actual, y sobre todo porque saben que aún queda mucho camino que recorrer, si no que le pregunten al asesor estrella Iván Redondo que firmaba sus conferencias con el título Saber ganar y saber perder, las 500 millas electorales.

Y es esta figura y no otra la que me hace sospechar de un “As” en la manga del partido de gobierno. Necesitaban unos presupuestos firmados para continuar su carrera de 500 millas hasta las elecciones de octubre de 2019 o de 2020. Han tenido que aceptarlos con la boca pequeña, porque por descontado este acuerdo ha tensionado el partido entre la militancia más izquierdista y la cúpula más conservadora y arraigada en las estructuras de poder. Pero todo esto da igual. Los presupuestos son una primera piedra en el camino. Es un escalón más en la estrategia marketinera del nuevo ejecutivo socialista, que lleva de campaña electoral desde que llegaron al Gobierno en junio.

En este sentido es de suponer que cada gesto está medido. Presuponer que la desaparición del anagrama socialista es simplemente un error o una falta de perspicacia política es en mi opinión errar el tiro. Es cierto que mucho se puede especular acerca del motivo.  Para empezar el PSOE no disfruta de la mejor imagen y desde el principio han apostado por un presidente que no goza de grandes cualidades parlamentarias pero sí de un perfil que gusta entre el votante medio. El hombre elegante, comedido, sereno, equidistante, anodino, preocupado por los problemas concretos de los ciudadanos y no por las discusiones baladíes, es un perfil que le está funcionando. Si a eso le sumamos su apretada agenda internacional y sus apariciones en conferencias por muchos lugares del globo, obtenemos una intención clara: crear un perfil internacional, institucional y altamente presidenciable. Pedro Sánchez es un hombre sensato. Solo hay que escucharlo hablar. Es inimitable, como se jactaban hace no mucho en La vida Moderna, y no precisamente por sus rasgos y su carisma arrollador, sino más bien por la falta de matices y rasgos espectaculares si se quiere. Si uno mira sus cuentas oficiales de Twitter, Facebook o Instagram es palmario de lo que estamos hablando. Pedro Sánchez es, como si se tratase del título de una serie HBO, El presidente.

Por otro lado, el PSOE no existe. Existen gestores, ministros que vienen de ámbitos profesionales distintos, gente bien preparada, inclusive su asesor estrella no es un clásico “amigote” del partido, más bien todo lo contrario: fue un exasesor de Albiol en Badalona y de Monago en Extremadura. Eso es lo que queda del PSOE. Prácticamente nada. La marca PSOE no funciona. La que si que funciona de forma implacable es la marca “Gobierno de España”.

Y aquí va mi apuesta. Más que un error, la ausencia de logos está bien pensada en una serie de acciones comunicativas para desvincular al gobierno de la herencia nefasta de los últimos años de Zapatero y de los yates de Felipe Gonzalez entre otras salidas de tono y puertas giratorias varias. Además, haber puesto su logotipo junto con el del grupo confederal, simbólicamente hubiese supuesto poner a la misma altura a ambos. No ocurrió.

Queda de todas formas por desentrañar el motivo del silencio mediático poco después de firmar uno de los presupuestos más sociales de la historia de la democracia. Pareciera que les costase admitir como positivo la subida del SMI a 900 euros o la regulación del alquiler, o mayor inversión en dependencia -exigencias todas de Unidos Podemos, En Comú-Podem, En Marea-. Mientras el partido morado enarbola orgulloso, aunque comedido, la bandera de la victoria, el PSOE se esconde. Pareciera que la orden fuese “A otra cosa mariposa”. La pregunta es ¿Por qué?

Descarto la torpeza o la simple vergüenza. Si Unidos Podemos tenía ya una estrategia discursiva a los pocos segundos de firmar el pacto que se puede resumir en la máxima “Estamos orgullosos, pero no nos conformamos”, es ingenuo pensar que el PSOE no tenía nada más que ofrecer que ese silencio avergonzado o aparentemente avergonzado. Estoy seguro de que El Gobierno tiene un “As” en la manga: principalmente la paciencia, pero no solo. Auguro que serán también fundamentales las cartas internacionales.

En unas semanas -meses- la foto no será la de Pablo en Bruselas. Sin embargo, si veremos a Pedro Sánchez pasearse por toda Europa como el presidente de un partido que encabeza la esperanza para la vieja socialdemocracia europea. ¿Os imagináis a partir de diciembre? Auguro una agenda exterior mucho más ajetreada que la agenda interior. Una agenda que tendrá por objeto visibilizar a Pedro Sánchez como el presidente que ha firmado los presupuestos más sociales de la UE, y que quiere encabezar una nueva ola en Europa.

Moscovici, el presidente de la Comisión Europea y encargado junto con su equipo de dar el visto bueno al borrador, se reunió hace algunas semanas con Pedro Sánchez en Moncloa. En un momento de la reunión se quedaron solos. Echaron incluso a los interpretes. Me lo puedo imaginar: Moscovici -un socialista- instando a Pedro -otro socialista- a firmar unos acuerdos progresistas, “pero sin pasarse”.  En el contexto del auge de la extrema derecha, de partidos euroescépticos, con una Italia que acaba de entregar unos presupuestos que no serán aprobados y una socialdemocracia noqueada, el miedo a una ruptura del proyecto europeo es palmaria. Europa mira a España. La frase de Moscovici podría ser: “Pedro, te necesitamos”. Si esto es así, es presumible que habrá mano larga con los presupuestos del ejecutivo, y que lo querrán convertir en símbolo de una nueva Europa que viene.

La carrera es larga. La batalla es, como casi todas, por la imagen. De momento el partido morado ha ganado acaparando la atención y los focos y capitalizando el éxito de los presupuestos. La mayoría de los españoles saben que estos presupuestos se han firmado gracias a Unidos Podemos, pero El Gobierno sabe que su partida no se juega dentro del país donde las cartas ya están muy marcadas y poco hay que hacer salvo esconderse. El partido del PSOE se juega en Europa.

¿Os imagináis un Pedro Sánchez encabezando el nuevo socialismo europeo con los presupuestos por delante? El potencial simbólico que tienen estos presupuestos en Europa, si se saben contar bien, pueden generar una capacidad de atracción considerable hacia la figura de Pedro Sánchez, pero sobre todo hacia el “Gobierno de España”. Y lo importante, el potencial no solo es hacia afuera, sino hacia dentro. El capital simbólico y político que aporta entre el electorado español ser mirado como un ejecutivo que no solo tiene el aval de la UE, sino que encabeza un posible cambio en Europa, tiene en la política española un potencial fundamental. Por eso no es de extrañar que ahora que la partida se juega dentro, donde las cartas están marcadas, la estrategia sea silencio y perfil bajo. La papeleta ganadora se jugará en la política exterior dentro de unas semanas.  Más o menos a partir de noviembre, cuando la comisión apruebe el borrador de presupuestos, y se disparará, si todo va bien, en diciembre, cuando se aprueben definitivamente. Si Pedro Sánchez consigue mover todo el debate a Europa y capitalizar estos presupuestos como los presupuestos de cambio de rumbo del proyecto europeo firmados por el “Gobierno de España”, nadie se acordará de la firma de Unidos Podemos estampada en las cincuenta páginas de acuerdo. En cambio, si Europa rechaza los presupuestos, pero sobre todo, si no son correctamente contados y defendidos, podemos suponer que El Gobierno se verá en serios aprietos para afrontar lo que viene.

Las 500 millas electorales no han hecho más que empezar, y en un año con europeas en el horizonte, cabe esperar que la estrategia por capitalizar estos presupuestos se jugará en gran medida en Europa. ¿Qué papel podrá jugar el grupo confederal Unidos Podemos, En Comú-Podem, En Marea en este contexto? Si la batalla se consigue mantener en los límites de nuestro territorio, auguro importantes victorias para el partido morado. Sin embargo, si el ejecutivo consigue trasladar todo el debate a Europa y a una cuestión de política internacional, es más que probable que Unidos Podemos, En Comú-Podem, En Marea quede relegado a un segundo plano, desdibujado como el partido que apoyó al “Gobierno de España” para firmar unos presupuestos que encabezasen una nueva ola en el viejo continente. ¿Qué pasará? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que el No logos  del PSOE en España es el mejor de los logos en Europa: “Gobierno de España” solo hay uno.

 

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Guido Ohlenschlaeger Gómez

Filosofía
Educación
Filosofía en la UGR, máster de estudios avanzados en comunicación política por la Universidad Complutense de Madrid, diploma de especialización en marketing online por la UNED y estudiante de psicología por la UNED

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