La reconstrucción de los recuerdos: la dominación social a través de la memoria

La reconstrucción de los recuerdos: la dominación social a través de la memoria

¿Los recuerdos son propios o colectivos? ¿Son una (re)construcción interesada y útil para la coyuntura presente de las comunidades? Amplia es la discusión acerca de los recuerdos y la construcción del relato histórico en relación a determinados momentos del pasado y su conexión con el presente.

Es comúnmente compartido que la historia, el relato histórico, es una suerte de ciencia objetiva en muchos casos incuestionable, pero ¿la historia es un dogma? O ¿puede ser fruto de la subjetividad individual? La reflexión historiográfica reciente nos muestra que la vocación de objetividad del positivismo decimonónico es una ficción, y que cada historiador “crea” su propio pasado en función de sus propias experiencias y de su propia subjetividad.

En este artículo iremos un poco mas allá, intentaremos establecer una relación entre la construcción del relato histórico con el relato político, o mejor dicho, de las nuevas forma de dominación social.

 

Eneko / 20minutos

 

1. Los conflictos se suceden por el egoísmo de las élites

En un pugna por el poder suele haber dos bandos contrapuestos, ambas partes se sienten legitimadas, reclaman ser el auténtico gobierno, el poder. Justifican sus acciones en favor de unos valores superiores: ideología, modelo de gobierno, cultura, religión… Michale P. Fonda argumenta que dichos conflictos se suceden por el egoísmo de las élites predominantes, una lucha por mantener el statu quo o para destruirlo imponiendo el propio. La lucha entre los líderes arrastran a las multitudes. Siguiendo esta reflexión ¿pueden las élites dominantes moldear el relato histórico de sus comunidades? ¿pueden construir recuerdos en función de sus propios intereses, para mantener su poder? Y en caso afirmativo ¿cómo lo consiguen?

 

2. Memoria cultural y memoria comunicativa

J. Assmann establece un nexo directo entre las ideas de identidad de grupo, autoconsciencia social y etnogénesis, con los procesos de (re)creación del pasado. En este sentido, podría decirse que para que una sociedad tenga conciencia de sí misma necesita compartir un relativo acuerdo sobre su pasado (lo cual quizá te recuerde a las “comunidades imaginadas” de Benedict Anderson).

Assmann diferencia dos tipos de memoria: memoria cultural y memoria comunicativa. La primera se entiende como conjunto de recuerdos sacralizados que son conservados celosamente como explicación del presente. La memoria se articula en torno a figuras del recuerdo: representan los valores colectivos de un grupo, asociadas a un tiempo y a un espacio determinados susceptibles de adaptarse a las necesidades identitarias del presente, pueden verse alteradas por el tiempo y por las propias coyunturas de las comunidades.

La  memoria comunicativa: conjunto de recuerdos que el individuo adquiere en función de su experiencia vital y que no quedan fijados en ningún soporte que garantice su transmisión más allá de las fronteras de la comunicación oral. Se opone de este modo a la memoria cultural, cuya importancia a los ojos del grupo exige una garantía física de su conservación. [1]

 

3. Los vencedores escriben la historia

Recogiendo la argumentación anterior ¿podemos extrapolar estas ideas a una época reciente, a la Transición española y la posterior articulación de las élites en partidos políticos? Las élites predominantes y el resto del grupo se encuentran en posiciones de desigualdad respecto a la posibilidad de construir el pasado recordado ya que, los primeros, tienen mayor influencia en la memoria colectiva. Tras la Guerra Civil española, el bando nacional y el dictador Francisco Franco apelaron a un pasado nostálgico glorioso, el Imperio español, el sentimiento nacionalista, la recuperación de los poderes tradicionales tales como la Iglesia católica…

Franco adquirió una ideología pasada y gloriosa y se identificó a sí mismo como representante de esas virtudes. Imágenes ideales construidas sobre el imaginario utópico de la España militar cristiana. Incluso su programa monumental corresponde a un lenguaje visual que remite a los referentes del pasado glorioso (estilo imperial ministerio del aire). A nivel subconsciente y como hicieron los nazis, estas construcciones transmitían y exportaban la ideología propia del fascismo, grandes edificios que influían en la población en la medida que representaban la grandeza del Estado frente a los individuos.

Así los vencedores construyen los recuerdos, la memoria colectiva, exterminan a las élites perdedoras, reconstruyen los recuerdos en función de su utilidad para el presente poniendo en marcha medidas estructurales de dominación social, articulando mitos.

Manel Fontdevila

Esta (re)construcción de la memoria puede ir en dos sentidos: una recuperación del pasado o, por el contrario, una mirada hacia el futuro, hacia un nuevo régimen. Esta última vía es la que mejor encaja en la Transición española, con matices. Las élites dominantes heredadas del franquismo, querían mantener el statu quo, mantener sus privilegios y conservar el poder, pero ¿cómo mantener un poder fáctico recibido de una dictadura sin perpetuarla? Cambio de régimen: como hemos expuesto más arriba, la figura del líder es esencial para la dominación social, es aquí cuando la figura del Rey se erige como pilar fundamental de la democracia, haciéndose representante de los valores democráticos construidos en base al trauma general que generó la Guerra civil, tal y como había hecho el dictador. No es una recuperación del pasado glorioso, aunque queda claro que los valores militares y cristianos están muy presentes, es una suerte de ingeniería de valores, una creación del sentir democrático fuertemente vinculado a los valores nacionales de España. Parece inverosímil que ambos conceptos calen en la sociedad española, pero debido a esa “huida” del régimen anterior la comunidad los adquirió como suyos bajo la figura de la Constitución.

 

4. El conflicto entre dos partidos políticos: la perpetuación de las élites

La (re)construcción del relato durante la Transición generó una memoria colectiva común que se sustenta entorno a unos valores democráticos, la reconciliación de la sociedad. Estos nuevos valores dan sentido propio a la colectividad, dan sentido al presente, dotan a la sociedad española de una identidad, sin embargo y como hemos expuesto anteriormente, estos valores son fruto de la perpetuación de las élites dominantes inmutables.

Dos partidos que se suceden en el poder durante décadas: Partido Popular (PP) y Partido Socialista Obrero Español (PSOE), dos bandos contrapuestos (las élites).

Si nos fijamos en los relatos de sendos partidos, ambos defienden los pilares fundamentales del poder en España: la monarquía (figura el rey como representante de los valores democráticos), la Iglesia (aunque en la época actual ha perdido poder) y los poderes económicos (forjados durante la dictadura y consolidados durante la democracia) y un cuarto, justificación de su hegemonía: la Constitución, el elemento principal de la construcción de la memoria colectiva contemporánea, incuestionable, el pilar donde se sustenta la identidad de la colectividad española. Estos tres pilares fueron decisivos en la Transición y “controlan” al bipartidismo, son los participes de la memoria colectiva española, de un sentimiento nacional forjado bajo la reconciliación, el acuerdo y la huida del trauma pasado. Una reconstrucción de la memoria demandada por la sociedad, huérfana de una identidad propia, fragmentada.

Pero ¿son los partidos dos bandos que se disputan el poder? O ¿son los pilares del poder en España lo que hegemonizan la dominación social al haber destruido a las élites contrarias? No podemos sacar una conclusión clara acerca de estas incógnitas, pero bajo la humilde opinión de este escritor, los poderes fácticos controlan a las dos grandes potencias políticas, utilizan como señuelo la pugna electoral para crear una falsa sensación en la sociedad de capacidad de elección, una técnica de dominación social: controlar a los representantes del pueblo para mantener el statu quo. Al no existir conflicto por ausencia de élites contrarias, los poderes fácticos hegemonizan la dominación social bajo el relato de la Transición y la sagrada Constitución, su escudo infranqueable, la escusa perfecta.

Es asombroso cómo la reconstrucción de los recuerdos por parte de las élites se sucede a lo largo de la historia, una historia de dominación y lucha entre poderosos. Cómo se construyen los recuerdos y el relato de la Transición digno de ingeniería comunicativa de alto nivel, una construcción de valores democráticos, representados por la figura del Rey no electo y sucesor de un dictador. Una sociedad española con una memoria cultural en disputa tras la Guerra civil y una memoria comunicativa cohibida, perseguida. Este nuevo relato de valores democráticos directamente vinculados con sentimientos nacionales, reformulándolos como concordia y acuerdo es útil, en la coyuntura existente, para la perpetuación del poder de las élites dominantes, para la dominación social a través de un nuevo régimen basado en unos valores compartidos por la mayor parte de la comunidad española (sociedad fría en términos de Assmann). Un régimen liderado por las mismas élites hegemónicas del pasado que se perpetúa en el tiempo bajo el bipartidismo, un revestimiento para mantener sus privilegios.

No obstante, en la coyuntura presente se está produciendo algo insólito, una alternativa al relato, un cuestionamiento a la memoria cultural de la sociedad gracias a la aparición de nuevas alternativas que, a primera vista, no están bajo el yugo de las élites: los nuevos partidos o aquellos partidos que demandan una revisión del acuerdo nacional, de la Constitución. Estos ponen en duda ese pasado para construir un nuevo presente, un relato histórico nuevo. Una oposición a las élites que genera un nuevo conflicto.

Para concluir quiero dejar una pregunta abierta para la reflexión: ¿esta oposición a las élites dominantes se acabará convirtiendo en aquello contra lo que lucha? ¿se creará una nueva élite guiada por el egoísmo, por alcanzar el poder y perpetuarse en el tiempo estableciendo un nuevo relato histórico, una nueva memoria colectiva, un nuevo statu quo?

[1] Assmann, 2011 (2005): “Historia y mitos en el mundo antiguo: los orígenes de la cultura en Egipto, Israel y Grecia”

 

Antonio Martínez Blanco

Antonio Martínez Blanco

Derecho y Ciencia Política
Educación
Jurista y politólogo por la Universidad Autónoma de Madrid. Máster en Estudios Avanzados en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid.

Aficiones
Proyecto de ilustrador y dibujante en mi tiempo libre. Defensor de la locura responsable.

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