Vender los presupuestos para salvar la legislatura

Vender los presupuestos para salvar la legislatura

Hace ya más de medio año, Pedro Sánchez, por aquel entonces líder -extraparlamentario- de la oposición, exigía a Mariano Rajoy convocar elecciones en el caso de que no fuese capaz de aprobar los Presupuestos Generales del Estado (PGE). Cosas del destino, hoy día, Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, se enfrenta al mismo desafío con el que pretendía poner en jaque al Gobierno popular; conseguir tener apoyos suficientes para poder sacar adelante los presupuestos, o, en el peor de los casos, saber plantear una estrategia comunicativa solvente que exima a su ejecutivo de haber tenido que prorrogar los del Partido Popular.

Los socialistas son conscientes de que se enfrentan a un momento determinante en la actual legislatura, pues, por primera vez en la joven historia de nuestra democracia, el encargado de sacar adelante la Ley presupuestaria es un Gobierno en minoría, sin una coalición estable en el Congreso, y, para más inri, nacido tras una moción de censura. Sánchez y su equipo también saben, o por lo menos deberían saber, que de cara a los PGE ya no va a ser posible continuar con la estrategia política y comunicativa que han llevado a cabo desde la investidura, basada, en gran parte, en medidas políticas que se mueven más en el terreno de lo simbólico que de lo material, pero que con tanta maestría se han llevado a cabo. Poner en marcha la exhumación del dictador o elegir un Gobierno en el que la mayoría de los ministerios están liderados por mujeres ha conseguido el rédito político que se esperaba, pero en este momento, es hora de empezar a poner en marcha medidas políticas que tengan una influencia directa en la realidad económica de los ciudadanos.

Con el actual equilibrio de poderes en el Parlamento, conseguir sacar adelante la Ley presupuestaria es la mejor herramienta comunicativa de la que puede disponer el PSOE para transmitir que su gobierno todavía encarna los valores de cambio y progreso que le ayudaron a ganar la moción de censura, pues la legitimidad y estabilidad que le otorgaría este golpe sobre la mesa sería mucho más sólida para prolongar la legislatura que cualquier otra acción llevada a cabo hasta el momento. Sin embargo, conseguir dicho objetivo es un campo minado, pues, como dijo Pablo Iglesias, bajo el nuevo contexto sociopolítico generado en las últimas semanas es muy posible que se hayan perdido los apoyos obtenidos para moción de censura, por lo que Sánchez tiene que lidiar con una serie de hándicaps con lo que no contaba en un primer momento.

Conseguir sacar adelante la Ley presupuestaria es la mejor herramienta comunicativa de la que puede disponer el PSOE para transmitir que su gobierno todavía encarna los valores de cambio y progreso que le ayudaron a ganar la moción de censura. 

En primer lugar, está la posición de los partidos nacionalistas catalanes (PDeCAT y ERC), los cuales han condicionado su apoyo a que el Gobierno realice concesiones de gran calado en lo respectivo al proceso judicial que están sufriendo los líderes independentistas encarcelados. Pedro Sánchez sabe que no puede jugar estar carta a la ligera, pues cualquier movimiento que realice el ejecutivo frente a la cuestión catalana es observado con lupa, y la más mínima concesión que puedan hacer los socialistas con el Gobierno de la Generalitat puede volverse inmediatamente en contra debido a la extrema polarización social que ha generado el procés. Por tanto, es muy probable esta opción esté descartada salvo caso de extrema necesidad.

En segundo lugar, la competición electoralista desatada dentro de la derecha española por pescar votos en el caladero común desde el auge de VOX y el nombramiento de Pablo Casado como líder de Partido Popular, con su estrategia basada en reideologizar el partido, hace prácticamente imposible repetir el pacto de la primera investidura fallida con Ciudadanos, ya que los de Rivera no pueden arriesgarse al trasvase de votantes descontentos que esto supondría. Y, por si fuera poco, el papel tan trascendental que han sido capaces de transmitir desde Unidos Podemos a la hora acordar con el PSOE los que consideran <<los presupuestos más sociales de la democracia>>bloquea casi completamente que el partido naranja pueda votar favorablemente.

Por último – y quizás más importante –si el Gobierno no es capaz de llegar a un acuerdo para que el Congreso no vote en contra de aprobar los PGE se abre la puerta a que en España se den las condiciones necesarias para que se produzca un nuevo momento populista de futuro incierto. A diferencia del anterior, surgido tras el 15M y capitalizado de forma mayoritaria por Podemos, la amenaza al régimen político e institucional se está gestando desde extrema derecha liderada por VOX, que, de una forma similar a lo que viene sucediendo en Europa y Occidente de un tiempo a estar parte puede hacerse un hueco en las instituciones con de una pila de propuestas basadas en el ultranacionalismo, la xenofobia, y, la nostalgia de los periodos políticos más oscuros de nuestra historia reciente.

Por todo ello, el Gobierno encabezado por Pedro Sánchez sabe que con los PGE para 2019 se está jugando a cara o cruz el tiempo de vida que le queda a la actual legislatura, y, en consecuencia, la fecha de la próxima convocatoria electoral. Si sale cara y el Gobierno es capaz de sacar adelante los presupuestos tiene prácticamente asegurado agotar la legislatura y saldría reforzado de la batalla, proyectando una imagen de partido solvente, dialogante y capaz de llegar a acuerdos trascendentales. Pero, por otro lado, si sale cruz, y se deben prorrogar los últimos PGE <<ideológicos y antisociales>> –así se refería a ellos el PSOE desde la oposición– aprobados por Mariano Rajoy, el ejecutivo quedará gravemente dañado, ahondando todavía más la imagen que ciertos sectores de la población tienen de Pedro Sánchez como un presidente okupa, obligando a los socialistas a desarrollar una campaña comunicativa sin precedentes para evitar una nueva crisis de confianza en los partidos y las instituciones a la vez que tendrían contrarrestar la sangría de apoyos que ello supondría.

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