De la excepcionalidad ibérica al Frente Nacional: comprender el fenómeno Vox

De la excepcionalidad ibérica al Frente Nacional: comprender el fenómeno Vox

Julián Claramunt/ Víctor Torres

 

Saltó la noticia de la que todo el mundo habla: Vox ha conseguido 12 representantes en el Parlamento andaluz. El golpe es especialmente fuerte debido a que muchos previeron la entrada, pero muy pocos imaginaron un apoyo de esta magnitud. Con cerca de un 11% de los votos puede hablar de tú a tú con el 16% de Adelante Andalucía o el 18% de Ciudadanos. Y lo peor es que en un parlamento tan fragmentado como el andaluz necesitará de sus apoyos si se quiere encontrar una cierta gobernabilidad y estabilidad en un supuesto ejecutivo de derechas.

Estos resultados han derrumbado uno de los grandes mitos que nuestros académicos e intelectuales han paseado más orgullosos por Europa: La excepcionalidad ibérica. Esta consistía en que la Península era el último reducto que se resistía a la aparición de partidos de extrema derecha en el viejo continente. Pues parece que ésta se ha visto limitada a la excepcionalidad portuguesa, debido a que esta semana España ha entrado en el selecto club y por la puerta grande.

Si hace unas semanas éramos la excepción, hoy reproducimos todos los patrones que se ven en el resto de los países. Nos referimos a una ola de artículos, columnas y editoriales que nos hablan de ese votante desencantado, perdedor de la globalización y sobre todo clase obrera que ha caído en las fauces de Vox, similar al que encontramos en Francia para Frente Nacional.

Los indicadores que conocemos hasta la fecha nos señalan que el voto de Vox no viene de ese sector -la clase obrera-, sino del PP andaluz, asociado a las clases medias y acomodadas.

Esta explicación es claramente carente de datos, en parte porque todavía no los tenemos, pero genera un cierto hartazgo que la primera reacción sea siempre culpar a la pobre e inculta clase obrera. Pero es que además los indicadores que conocemos hasta la fecha nos señalan que el voto de Vox no viene de ese sector, sino del PP andaluz, asociado a las clases medias y acomoddaas. Este es el objetivo del presente artículo, hacer un pequeño repaso de lo que sí sabemos al respecto y lo que creemos que ha podido influir. Para ello, repasaremos algunos de los puntos clave de la campaña y la extrema derecha, comparando el caso español con el europeo.

El eje nacional y Cataluña

Susana Díaz lanzó una bomba al decir, en la resaca de las elecciones, que debería haber hablado más de Cataluña. Posiblemente las declaraciones tenían un sentido irónico e incluso se podían entender en clave de partido, pero venía a señalar que ese había sido el tema clave de la campaña.

Lo cierto es que el terremoto que ha generado todo lo acontecido en Cataluña ha cambiado la política en España. Hoy este es el tema primordial que empapa al resto y durante las andaluzas se menospreció la importancia del debate nacional, sobre todo entre los partidos de izquierdas.

Para oponerse a lo catalán se reivindica lo español. En esto coinciden tanto Vox como PP y Ciudadanos, pero los de Santi Abascal lo hacen todavía con mayor vehemencia. Aquí encontramos una de las características clásicas de la extrema derecha, la exaltación de la patria. El caldo de cultivo de la crisis catalana y su gestión y canalización por parte de los partidos y los medios de comunicación ha facilitado que el mensaje político de Vox se implantara en la sociedad. Por tanto, el principal arma discursiva de Vox es la unidad de España frente al “golpe de Estado” de Cataluña y el posterior apoyo de los partidos independentistas a la moción de censura que convirtió a Pedro Sánchez en Presidente.

Con ello, todo indica a que el núcleo duro de votantes de Vox se levanta sobre una respuesta del nacionalismo español a la crisis constitucional catalana canalizada por los cauces de la reacción. Un repliegue nacionalista e identitario del patriotismo español que tiene su máxima expresión de protesta real y efectiva el día de las elecciones.

Vox tiene éxito, en primer lugar, por la crisis territorial que vive España actualmente.

La crisis de representación política

Observando los barómetros del CIS, el porcentaje de ciudadanos que afirma que la situación política del país es mala o muy mala alcanzó el 73,4% en octubre de 2018, mientras que los ciudadanos que creían que la política (incluidos políticos y partidos) es el principal problema del país eran de 27,8%.

Por otro lado, y a pesar de que existe un sesgo ideológico claro provocado por el color político del actual gobierno, la tabla de abajo demuestra que las personas que peor valoran la política (incluido partidos y políticos) son las personas que se autodefinen como de derechas, y dentro de ese sector, cuanto más a la derecha, mayores probabilidades hay de tener valorar de forma negativa la situación política actual. Estos datos nos pueden dar alguna pista sobre el vacío de representación que está viviendo el votante más de derechas en nuestro país, pudiendo haber sido provocado por la pérdida de Gobierno de Mariano Rajoy por cauces poco ortodoxos (moción de censura) y por el clima de inestabilidad política creada por el conflicto catalán.

Esto nos indica que, tras haber pasado en los últimos años de dos a cuatro grandes partidos nacionales, muchas personas no se sienten representadas por ellos o se sienten inseguros respecto a la política, es decir, se sienten políticamente marginados. La paradoja es la siguiente: a pesar de que hoy en día existe más oferta política que nunca, el grueso de la ciudadanía no se siente atraído por ningún partido.

La crisis interna del Partido Popular

Todo parece indicar que el electorado del Vox  procede mayoritariamente del PP. Vox crece donde el PP obtuvo mejores resultados en 2015. Las primeras exploraciones detectan que Vox también crece donde existe más inmigración, pero principalmente, donde más se ha votado al PP. No olvidemos que el PP andaluz ha perdido 7 escaños en estas últimas elecciones.

Vox crece donde el PP obtuvo mejores resultados en 2015

Hasta la fecha, el PP era capaz de ganar votantes entre el 5 y el 10, en una época de bipartidismo donde se situaba como lo opuesto al PSOE y con una doble alma fundacional (conservadurismoliberalismo) siempre en tensión pero que sabía jugar electoralmente a la perfección. El PP sabía bascular adecuadamente entre su rama histórica conservadora ligada a la democracia cristiana y al catolicismo, y su rama liberal ligada al neoconservadurismo y a la época del gobierno de José María Aznar: una sociedad de nuevas clases medias urbanas dentro de un marco modernizador y democrático europeo. La fuerza del PP tradicionalmente estaba en dos aspectos: en tener los votantes más fieles, lo que a su vez provocaba una cantidad de voto oculto elevado en circunstancias de gobierno, y en no tener competidor en su espectro ideológico –la derecha-.

En un contexto donde el PP se encuentra en descomposición por el avance de Ciudadanos entre su nicho de votantes tradicional y por no haber sido capaz de dar solución al conflicto catalán, si a esto le sumamos los  casos de corrupción y el cambio de liderazgo y de caras visibles en el partido, tenemos una crisis interna la cual las elecciones han supuesto el termómetro idóneo para detectarla.

Pero, ¿por qué estas personas, más escoradas a la derecha, no optaron por Ciudadanos? Aún es pronto para sacar conclusiones, pero nuestra hipótesis inicial es que Ciudadanos en Andalucía, apoyó tácticamente la investidura al PSOE y dejó que Susana Díaz fuera presidenta de la Junta vía abstención, lo que pudo situar a la formación naranja como un partido más cercano al PSOE que al PP, y se le ha podido vincular como el sostén de la corrupción en Andalucía entre los votantes más extremos al lado derecho del tablero político. El votante de derechas tradicional andaluz liga a PSOE y todo lo que este a su alrededor con la corrupción y con el establishment.

Los cambios de la sociedad

El perfil del votante de Vox, a falta de datos más explorativos, parece que es un electorado fuertemente masculinizado, de mediana edad, sin estudios superiores, pequeños empresarios y económicamente acomodados pero temerosos de perder lo que tienen. Se trata de personas ideológicamente conservadoras.

Ante esta oleada de nuevos movimientos sociales que han aparecido con fuerza en nuestras sociedades contemporáneas, como puede ser el feminismo o el ecologismo, algunos ven con preocupación un mundo que no se asemeja a lo que conocían y se escudan en posiciones conservadoras clásicas en un intento de repliegue cultural e identitario. Además, la ruptura del pacto social y la desigualdad creciente en nuestras sociedades generan las condiciones materiales para que este tipo de discursos centrados en el odio y el miedo a lo diferente tengan éxito.

No en vano, en los discursos de la formación verde aparecen referencias como la ideología de género, que alertan del peligro de un feminismo que les altera y pretende poner en jaque el statu quo convencional. En la España del 8M las personas que llenaron las calles, encuentran su reverso en el votante de la extrema derecha. Propuestas como la derogación de la ley contra la violencia de género o la ilegalización del aborto, son aplaudidas por sus electores.  Esto puede explicar ese electorado tan masculino que hasta ahora tenía.

Esta característica, que tan presente se encuentra en el caso español, contrasta con nuestros vecinos franceses. El partido de Le Pen no basa su discurso en una reacción a todos estos movimientos, sino que se apoya en ellos para señalar el peligro de la inmigración. Relacionar las violaciones con la población musulmana es propio del Frente Nacional.

Se trata de una formación abiertamente xenófoba, católica, liberal y nacionalista.

Además, siguiendo con las propuestas de Vox y para tener una imagen más completa, este partido apuesta por eliminar las autonomías, un fuerte control de la inmigración, una extensa reducción de los impuestos y medidas contra la corrupción. Es decir, se trata de una formación abiertamente xenófoba, católica, liberal y nacionalista.

Por tanto, el peligro de Vox no está en que se convierta en el partido más votado, sino que está en la presión que a partir de ahora pueda ejercer para que PP o Ciudadanos conviertan sus mensajes y sus estrategias en políticas concretas, puesto que con estos resultados se normalizará la presencia de Vox en futuras elecciones, pudiéndose convertir en un altavoz a nivel nacional que puede multiplicar el problema a escala estatal.

Conclusión

Con esto, en este artículo rechazamos tanto las hipótesis ‘obreristas’ que afirman que el auge de Vox viene provocado porque los partidos de izquierdas no centran sus demandas en las cuestiones materiales; de la misma forma que rechazamos que la base de los votantes de Vox son los “perdedores de la globalización” (el obrero industrial de mono azul que con la globalización ve peligrar su puesto de trabajo).

Para muchos, hemos pasado de la excepcionalidad española a unirnos al tan deseado “club” europeo de la extrema derecha y sus tesis explicativas en un abrir y cerrar de ojos. Es importante resaltar una cosa: por ahora no hay datos que demuestren que a Vox lo votan los perdedores de la globalización. No parece que Vox haya obtenido 12 escaños en el Parlamento andaluz porque los obreros industriales se sienten defraudados por la socialdemocracia y recurren a los partidos de extrema derecha, que tiene un mensaje nativista y proteccionista en lo económico, como puede ocurrir en Francia con el Frente Nacional por ejemplo.

Sin duda alguna parece apresurado establecer análisis y lanzar hipótesis sobre el votante de Vox y más cuando estos se limitan a copiar aquellos que se hacen en países extranjeros. Los problemas complejos requieren análisis complejos, y para ello es necesario tiempo, datos e información. Aún faltan encuestas y sobre todo estudios cualitativos que nos acerquen a las posiciones discursivas, a las historias de esos votantes y nos desvelen el porqué de su elección.

Vox es un partido que nace de la crisis de los partidos de la derecha a raíz de la crisis territorial de España, y como tal debemos entender su auge.

Lo que sí sabemos es que Vox es un partido que nace de la crisis de los partidos de la derecha a raíz de la crisis territorial de España, y como tal debemos entender su auge. Todo análisis comparativo con el resto de familias europeas de extrema derecha parece, a priori, limitado. Es en este realineamiento de los partidos de la derecha española debido al tema catalán como debemos entender este fenómeno, que provoca brechas en el propio sistema y da la oportunidad a que un nuevo actor aglutine esas demandas reactivas y conservadores de la ciudadanía.

En cualquier caso, hemos querido lanzar aquellas señales que sí tenemos y que precisamente niegan la mayor. Tal vez el elector de Vox no es tan nuevo como creíamos y se encontraba escondido, pero siempre estuvo aquí. 

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